A 360 días del inicio del Mundial de Fútbol y en plena Copa de las Confederaciones, Brasil es sorprendido por manifestaciones en algunas ciudades que serán sedes del Mundial 2014.
São Paulo, Brasilia, Belo Horizonte, Porto Alegre, entre otras, fueron tarimas de protestas en contra del Mundial con frases simbólicas como “¿Mundial para quién?”; “Si su hijo se enferma, llévelo a un estadio”; “Billones para el Mundial, migajas para los trabajadores”. Brasileños esparcidos por el país retrataron su descontento con los gastos públicos que Brasil tendrá para que hacer para realizar la Copa Confederaciones, el Mundial de Fútbol 2014 y las Olimpiadas 2016 y lo que esos megaeventos ocasionarán en la cotidianidad de la mayoría de los brasileños. Esa insatisfacción se ha mezclado con los altos precios de las tarifas de transporte urbano en Río de Janeiro y São Paulo.
A pesar de la magnitud de los eventos y del compromiso del Estado frente a la expectativa mundial, su realización ha carecido de transparencia. Debido a la urgencia, las empresas responsables de las grandes obras no pasaron por procesos de licitación, lo que puede facilitar el desvío de los fondos designados a esos proyectos.
Por otro lado, el Mundial se ha prestado para deshumanizar las políticas de inclusión implementadas en los últimos años. Según la ONU, solamente en Río de Janeiro 170.000 personas han sido desplazadas de su comunidad, sin la garantía de una nueva casa y recibiendo por su vivienda un precio inferior al comercial, mientras el mercado inmobiliario sufre un proceso de extrema valorización, lo que demuestra una de las grandes contradicciones. Además, la violencia de las autoridades en contra de la resistencia de algunas comunidades se ha hecho sentir.
Por otro lado, comprometidos con la seguridad en la Copa Mundo, en mayo de 2013 el gobierno de Río de Janeiro cumplió el objetivo de ocupar las comunidades dominadas por grupos de narcotraficantes, estableciendo un relativo equilibrio de fuerzas mediante el rescate de la seguridad pública. Hasta 2014 se espera la organización de 40 unidades de Policía Pacificadora. Este acto, legítimo desde el punto de vista del Estado, se contrapone a la violencia utilizada contra los “indignados del país del fútbol” este fin de semana.
El simbolismo de los varios sentimientos encontrados de los millones de brasileños con relación a esos eventos mundiales fue “evidenciado” en la apertura de la Copa de las Confederaciones, en donde la presidenta Dilma Rousseff fue chiflada por 80.000 personas.
Hay muchas preguntas sin respuestas: ¿No es verdad que el Brasil democrático está menos pobre y menos desigual? ¿Cuándo vamos a poder equilibrar las metas macroeconómicas y de desarrollo doméstico con el precio del tomate, que más parece diamante? Cuando el show termine en 2014 y 2016, ¿qué será de Brasil?
* Beatriz Miranda