El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

James vs. James

08 de octubre de 2014 - 10:52 p. m.

La noticia, en tiempos normales, sería que RM ganó por 5-0.

PUBLICIDAD

O que Cristiano Ronaldo hizo una tripleta y batió un nuevo récord (aunque, bueno, eso tampoco es noticia ya). Y sin embargo, para muchos medios la noticia fue que James fue titular y que un taconazo suyo por poco termina en gol de Bale. A lo mejor muchos hoy estén odiando al galés por no culminar bien la jugada que no lo hubiera consagrado a él, sino al nuevo ídolo de chatetitos rosados. Y a lo mejor tantos periódicos más se hubieran vendido y unos puntitos más se hubiera incrementado la audiencia de telenoticieros.

Y está bien que los medios de comunicación en particular y las sociedades en general tengan que construir mitos y héroes. Y ese tándem fútbol-televisión, que sí ayuda. Pero ya está bien. A James nos lo encontramos en desfiles de ropa interior, en energizantes, en cepillos de dientes… James por aquí y James por allá. James se ha tornado en gran impulsador de marcas en Colombia, cuando su oficio y su proyecto de vida, creo, han sido las canchas y las jugadas.

Suelo ir a contracorriente de las mayorías. Y desde ese “fuera de lugar” en que me instalo, pienso que dos sucesos le han hecho daño a James: haber llegado al Real Madrid y, de carambola, haber caído en las garras de los mercaderes del fútbol. De esos cazatalentos alertas a buscar los reemplazos de los Beckhams, tan goleadores en “los teatros de los sueños” como en las cajas registradoras de las multinacionales. James se ha bifurcado: James futbolista y James marca.

En lo futbolístico —que es el tema del que deberíamos ocuparnos para hablar del James Rodríguez—, considero que James no debió llegar tan pronto al Real Madrid. Contrario al otro divo: el Falcao, que luego de su lesión tiene que salir a dejar jirones de su camiseta, quizá de su alma, en los campos ingleses para buscar en algún momento captar la simpatía, la mirada generosa del gran Florentino, James, encaramado al cielo del balompié, a ese Olimpo de los dioses que es la “Casa Blanca del fútbol”, como la definiera Villoro, cada paso que dé, será en picada. Ya no tiene más a donde ascender. Ya tocó techo.

Y entonces, no teniendo ya sus ambiciones otro puerto más allá, lo que venga para él será la consagración. La demostración de que ese era el punto merecido para sus dotes y no un modesto puerto intermedio —qué se yo—: un Manchester United, un Bayern Múnich, un Milán. Que su brújula no podía señalar otro destino que no fuera el inmaculado RM.

Y entonces, su apuesta no será para evadir rivales, sino que su lucha será consigo mismo: James versus James. James genio en la cancha, contra el James divo, rehén de las multinacionales vendedoras de calzones y de salsas, y de lobistas que aceitan redacciones de prensa para que exalten la más modesta jugada en el Bernabéu. Ojalá que el primero sea capaz de gambetear al segundo. Para bien de él y para bien de nuestro fútbol, que requiere de su talento en las canchas y no en las pasarelas. 

*Guillermo Zuluaga Ceballos

Conoce más
Ver todas las noticias