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¿Juego limpio? (II)

16 de octubre de 2015 - 06:35 p. m.

La otra noción es un adjetivo que ha hecho muchos estragos en todo el mundo: limpio, limpieza, límpido.

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¿Cómo sostener que hay juego limpio en un deporte que, por naturaleza, es rudo, complejo, agresivo y violento? “El deporte es salud”, se lee en todos los escenarios deportivos y, sin embargo, hospitales y clínicas se mantienen atiborrados de jugadores con fracturas en todo el cuerpo: manos, pies, tobillos, codos, muslos, quijadas… en fin. La limpieza es una noción que no sabemos conjugar con nada porque tiene múltiples acepciones.

El diccionario tiene diez significados para esta palabra.

Desde asear hasta desaparecer a alguien.

Por eso es tan complejo hacer alusiones rápidas al juego limpio. Suciedad se confunde con sociedad y, culturalmente hablando, tenemos una tradición de suciedades y comportamientos corruptos en todos los ámbitos: política, salud, educación, hacienda, gobierno. Por donde vamos, el mundo es una porquería que narran y difunden cotidianamente los noticieros en todo el globo terráqueo. Ese macromundo lo continuamos o lo repetimos en el micromundo que es un partido de fútbol, de basquetbol, de voleibol, o en una partida de ajedrez. “Hay que ser avispado”. “Hay que conseguir plata legalmente, pero si no se puede de esa manera, hay que conseguir plata”. “El vivo vive del bobo”. Expresiones que se oyen a menudo para justificar nuestros comportamientos.

Jugar limpiamente significa entrar a la cancha a vivir como deportista, a respetar a un igual que es mi par, a vencerlo en franca lid y disfrutar del triunfo y la derrota que se asuma con ética, porque el responsable de mis derrotas es el equipo completo. Esa reflexión se dice fácilmente si uno no está metido en la cancha; en ella nos descentramos, nos salimos de la ropa, hay entusiasmo, ganas de triunfo, y ya no se piensa, entonces no es fácil habitar el juego limpio, se desaparece la intencionalidad inicial y voy a ganar a como dé lugar. Ser avispado es hacer lo que sea necesario para ganar y eso implica hacer el gol con la mano, pegar un codazo sin que me vean, escupir al otro para sacarlo del partido, amilanar al árbitro para que pite a mi favor, por eso le doy la mano y lo abrazo antes del partido, pero estoy pensando que es un “hijueputa”… Mejor dicho: ganar es todo en el juego. El juego limpio dentro de la suciedad es una utopía, pero es preciso tenerlo como bandera y estandarte, no como una fórmula comercial sino como una consigna ética, porque ha de ser una forma de ser y estar en el mundo.

 

rayuela138@hotmail.com

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