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La alborada de la paz

29 de junio de 2016 - 09:00 p. m.

Un nuevo amanecer para las colombianas y los colombianos, un amanecer distinto para la democracia, para la justicia social para todos y cada uno de los habitantes de esta Nación sumida en el desconcierto político durante su vida republicana.

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Ligia Galvis Ortiz *

Llegó la posibilidad de vivir en paz, de abrir los debates y confrontar las ideas en los escenarios públicos con palabras, con discursos, sin armas ni agresiones, con la inteligencia de las convicciones propias y la aceptación de las ideas de los demás. Podremos opinar sin miedos, sin aprehensiones y sin negaciones radicales. Como cantó el poeta Zalamea, ¡se abre la audiencia! Acudamos todas y todos a la cita para despedir la guerra, para tomar la vacuna contra todas las formas de violencia que nos han acompañado hasta hoy. Que lleguen todos los pareceres, todas las sugerencias, todas las esperanzas de la gente. Llegó el tiempo de vivir y frecuentar los mismos espacios aunque pensemos distinto, seamos diferentes y nuestros gustos y pensamientos sean diversos.

Llegó ese amanecer siempre anhelado y nunca realizado pues nuestra vida republicana no ha podido apartarse de la guerra y sus violencias como forma de solucionar las diferencias y los conflictos. Ahora podemos iniciar el aprendizaje para vivir en paz y ese compromiso es todo nuestro. Nos corresponde realizar un acto fundante, un acto de renacimiento como seres sociales. Vamos a recibir a los contraventores como actores y agentes comprometidos con el desarrollo de ese gran proyecto nacional que es la convivencia pacífica. Recibimos a quienes por 50 y más años estuvieron marginados y alzados en armas para abrir el gran diálogo nacional que haga posible ese acto fundante, para escuchar el silencio de las armas y que éstas emigren de la mente y del corazón, para abandonar los rencores y manejar las diferencias con el sereno reconocimiento del derecho que nos asiste a todos los seres humanos de ser distintos y tener la posibilidad de expresarnos como somos. Para celebrar este acontecimiento necesitamos recibir el amanecer con alborada. Ante todo recordaremos a los caídos en la guerra, a las mujeres inmoladas, a las víctimas que hoy nos han dado la gran lección de nobleza, bondad y de superación de momento el dolor (porque éste no desaparece); ellos nos convocan a todos los colombianos y a todas las colombianas a esa gran audiencia en la cual pondremos nuestra contribución para construir el país de las libertades, de las autonomías, de los diálogos entre las generaciones, de las noticias sin dolor, para restaurar la dignidad perdida de la democracia. Entramos a la era de la vida como derecho sagrado en la civilidad, a la era de recuperación de los campos como fuente de vida y seguridad para nuestros campesinos, indígenas y afrodescendientes, a la recuperación de las calles y los caminos para que las mujeres transiten con tranquilidad, a la era de las ciudades y sus parques para los niños y las niñas, para los ancianos y las ancianas, a la era de recuperación del juicio y los buenos criterios para el manejo de los bienes públicos, para vivir en un país con calidad de vida, oportunidades para todas y todos, con justicia pronta y cumplida, mirando hacia adelante con seguridad y sabiendo que esta alborada se celebrará en todos los rincones del nuestra tierra y sobrevivirá a nuestro tiempo si limpiamos de rencores nuestras conciencias y asumimos con entereza y responsabilidad la consolidación de una sociedad que vive en democracia y para la democracia.

* Abogada y filósofa

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