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La destitución de Petro, una jugada electoral

20 de marzo de 2014 - 12:10 a. m.

La decisión presidencial de confirmar la destitución del alcalde Gustavo Petro es un intento por conjurar la crisis de gobierno que durante más de tres meses ha vivido la ciudad, pero, al mismo tiempo, demuestra una calculada jugada política de cara a las elecciones presidenciales.

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Más allá de las interpretaciones jurídicas, de las dudas sobre el maremágnum de demandas que podrían venir en caso de que Petro lograse evitar su destitución o las consecuencias de que Colombia desacate el dictamen de un organismo internacional, lo que está sobre la mesa es un juego electoral.

De hecho, la más reciente encuesta de Gallup Colombia, sobre intención de voto para las presidenciales, revelada hoy por este diario (ver página 8), plantea un panorama que de alguna manera inquieta a los asesores del presidente. Santos sigue adelante, sí, pero volvió a caer otros dos puntos y quedó en 32,5% de favorabilidad, mientras que Óscar Iván Zuluaga (el candidato del Centro Democrático) es segundo, con 15,6%, y Peñalosa tercero, con 11,3%. Es decir, la medición señala que las personas consultadas reflejan más el efecto del triunfo del Centro Democrático en las elecciones de Congreso que el de los 2 millones de votos de Enrique Peñalosa en la consulta verde. Marta Lucía Ramírez (la candidata conservadora) fue cuarta, con 9,3% en la encuesta, y Clara López subió a 8,6%.

De mantenerse esa tendencia, sería muy difícil que Santos logre su reelección en primera vuelta e incluso podría llegar a las elecciones en una situación de empate técnico con Zuluaga (cerca de 28% Santos y 25% para el candidato del Centro Democrático). El riesgo de semejante escenario explicaría el interés de Santos por tratar de cautivar desde ya al electorado de Zuluaga más que al de la izquierda, cuya candidata —aunque subió cuatro puntos y puede seguir creciendo— está mucho más lejos de significar una amenaza para la intención reeleccionista del presidente.

La verdadera encuesta es el día de las elecciones, suelen repetir los políticos. Y si a eso nos atenemos, los resultados de las más recientes votaciones, que fueron el 9 de marzo, también le dan razones al presidente para tratar de aproximarse a los votantes de la derecha. Aunque el Partido Conservador apenas logró el 3% de los votos en las elecciones para Senado en la capital, el Centro Democrático tuvo el 20% del millón y medio de sufragios válidos para esa corporación en Bogotá, en donde casi que duplicó porcentualmente al Partido Liberal. Sumando a liberales, Cambio Radical y el Partido de la U, la bancada de Santos tuvo el 27% de los votos de la ciudad.
¿A qué tendría que renunciar Santos por intentar robarse algo de esos votos para las presidenciales? Al electorado de izquierda de la capital, que en las mismas votaciones fue de menos del 8% (Polo Democrático) y al de centro, representado por la Alianza Verde, que tuvo otro tanto.

Los resultados de las votaciones para Cámara de Representantes en Bogotá llevan a una conclusión similar. Entre uribismo y conservatismo la derecha tuvo el 21% de los votos, mientras que los tres partidos de la Unidad Nacional alcanzaron en total un 25%. La izquierda sacó el 7% y los verdes, 8,9%.

Pero como en la política no se puede renunciar a ningún voto, así sea el de los partidos con menor caudal electoral, Santos buscará jugársela con el electorado de izquierda agitando la bandera con la que piensa pasar a la historia: la de los diálogos de paz con las guerrillas. Más allá de ese tema de contenido, el otro factor que más lo aproxima a la izquierda es, precisamente, el de la rivalidad con Uribe.

Y como Petro sabe que Santos quiere acercarse al electorado de derecha, apuntará, también con marcado cálculo político, a restarle apoyo en los sectores de izquierda. De ahí que en su discurso de ayer le haya coqueteado a la idea del voto en blanco (“en Colombia no vale la pena votar”, dijo varias veces), a las Farc (con la propuesta de respaldar la idea de una asamblea constituyente) y hasta le haya lanzado al presidente un curioso desafío: “En un año yo habré recuperado mis derechos políticos y usted no habrá hecho la paz”.

Está claro, pues, hacia dónde irán desde hoy Santos y Petro de cara a las elecciones presidenciales. Pero quedan aún tres grandes interrogantes: el primero es qué pasará con Peñalosa, a quien la Alianza Verde le ha hecho jurar que no pactará con Santos ni con Uribe. Su electorado, mayoritariamente bogotano y de opinión, será clave en este ajedrez.

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La segunda es hacia dónde se alinderarán los votantes que hasta hoy dicen estar dispuestos a sufragar en blanco y que siguen representando cerca del 20% de los colombianos aptos para votar.

Y la tercera, más ajena al tema electoral propiamente dicho, pero no por ello menos política, es qué harán las Farc. Aunque de momento su solidaridad con Petro no pasa de un par de declaraciones, nada de raro tiene que quieran aprovechar para replantear su viejo anhelo de constituyente o pelechar en últimas de la situación.

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Santos sabe que al ratificar la destitución de Petro se contradijo respecto a las veces en que aseguró que acataría la decisión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en caso de que ésta concediera las medidas cautelares al destituido alcalde. Pero ni es el primer presidente que lo hace ni incurre en ello sin haberlo meditado, reflexionado y sacado cuentas acerca de lo que gana y lo que pierde. Tiene clara su apuesta.

* Jefe de Redacción de El Espectador

@elbergutierrezr

egutierrez@elespectador.com

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