Los problemas para Estados Unidos en América Latina no paran. Hace unos meses el enfrentamiento con Ecuador por Julian Assange y Edward Snowden afectó negativamente la imagen de Washington como defensor de los derechos humanos y, lo que fue peor para sus intereses, la postura asumida terminó por disparar la popularidad de los dos personajes en América Latina. Esto a su vez produjo que las revelaciones de ambos adquirieran un eco mayor.
Actualmente, el escándalo tendría que ver con un espionaje en Brasil orquestado por la Agencia Nacional de Seguridad y que habría generado tal nivel de indignación que causó la cancelación del viaje de la presidenta Dilma Rousseff a Estados Unidos. La decisión llega en un muy mal momento para las relaciones entre Washington y América Latina. Hace unos meses se reconoció que Estados Unidos había espiado a algunos estados de la región, entre los cuales se mencionaba a Colombia. El gobierno de Juan Manuel Santos anunció que exigiría una explicación por parte de su aliado, pero dicha respuesta jamás tuvo lugar, o al menos nunca se hizo pública.
No obstante, Brasil demuestra con este gesto que no tiene disposición para recibir semejante trato. A la vez pone en evidencia que su política exterior cuenta con un alto grado de coherencia que le permite reaccionar ante este tipo de situaciones, sin temer por las represalias que el Estado más poderoso del mundo pueda emprender en su contra. Lección de gran significado para la política exterior colombiana, que ha defendido decisiones en contravía de su tradición (como el apoyo a la guerra en Irak) basado en la relevancia de Estados Unidos como aliado.
El anuncio de la presidencia brasileña le otorga a Brasil una imagen que por años ha buscado como un contrapeso regional a la hegemonía de Estados Unidos. A través de medidas o posturas como las restricciones a la migración estadounidense, en represalia por el trato a los brasileños en ese país; el disenso frente al dossier nuclear iraní, tema en el que propuso una solución intermedia aliado con Turquía; el apoyo a la creación del Estado de Palestina, y actualmente el rechazo a la injerencia indebida de Estados Unidos, Brasil confirma ese talante y relanza el debate sobre los límites contemplados dentro del Estado de derecho que Washington ha rebasado en nombre de la seguridad.
Finalmente, este impasse revive las tensiones por las revelaciones de Snowden y devela debilidades de Estados Unidos en la región, explicadas por la torpeza con la que aún observa a las Américas, como en los peores momentos de la Guerra Fría. No extraña que el hecho favorezca a Bolivia, Ecuador y Venezuela, que en su momento denunciaron con vehemencia las injerencias de Estados Unidos, sin que esas denuncias fuesen asumidas con seriedad y más bien fuesen leídas como una señal de anacronismo propio de la izquierda. De comprobarse la acusación, sería Washington el que habría actuado con una alta dosis de anacronismo.
* Profesor U. Rosario