Su humildad es soberbia: calla cuando debe hablar.
Su paz es violenta: excluye, maltrata, acosa. Su amor es selectivo: sólo ama a quienes están de acuerdo con ella. Su pobreza es opulenta: se toma las mejores tierras, educa a las élites, se lucra instruyendo.
La escuela es carcelaria. Su arquitectura es vigilante. Hecha para el castigo. Escondida o, cuando abierta, protegida entre rejas. Sus celadores se ocupan de cuidarla. ¿De quién? Del alumno. Éste sigue un régimen autoritario. La autoridad está arriba; el instruido debajo. Sus valores conducen a normalizar: si el instruido es normal, se queda; el anormal, sale. No pueden convivir los buenos con los malos. En la cárcel, éstos son asesinados. En la escuela, expulsados. O se suicidan, como Sergio.
Su espíritu es militar. Inspirado en la lucha, la escuela instruye para la batalla. ¿Contra quién? Contra el mundo pecaminoso. Instruido en la soberbia humildad, el alumno se prepara para derrotar, no para conciliar. Al enemigo diabólico se le debe exterminar. ¿Quién es el enemigo? El comunista; el ateo, el librepensador.
Su modus operandi es el silencio. Tira la piedra pero esconde la mano. No está entrenada ni entrena para la pregunta. Posee todas las respuestas. No admite la crítica. Ella es el criterio mismo. Sus discursos no están hechos para la dialéctica; alimentan la lógica del yo tengo la razón y el otro está equivocado. Su instrucción facilita la síntesis. Simplifica: buenos o malos. Sus instruidos se preparan para un camino simple: la muerte. Los predicadores de la duda no caben en sus celdas.
Su objetivo es despreciar el cuerpo. La sexualidad ante todo. La hoja de parra que protege al inocente Adán de la tentadora Eva, es su imagen venerada. El sexo degrada. Es asqueroso. Existe sólo para reproducir hijos para el cielo. El placer generado por los órganos sexuales, fue un error divino que el hombre solucionó con la castidad. La mujer ha sido su víctima predilecta. Reproduce un concepto de lo femenino aséptico. Tapado. Vergonzoso. Amorfo. La mujer venerable es virgen. Si hubo de ser fecundada, lo fue angelicalmente. Si de gestar, lo fue al escondido. Si de parir, lo hizo sin dolor.
Posee la piedra filosofal: es la dueña del amor y del odio. Ama odiando y odia salvando. Su concepción del amor no admite dudas: está marcada por la flagelación y el castigo. Su concepción plena de la vida, es la muerte. Sergio sólo es otro mártir. Por eso la escuela no entiende que deba dar alguna explicación. ¿Cómo explicar el hecho de que trabaje eficazmente llevando almas hacia el cielo?
La familia es su cómplice. Los padres la eligen para que sus hijos reciban más de lo mismo. Conocen su papel: instruir para honrar al tiempo a dioses y demonios. Saben de su espíritu carcelario: la escuela encierra resolviendo, creen, su impotencia para educar. Admiran su disciplina militar: la escuela instruye para librar la batalla contra los malos. Los padres la financian; se disputan sus cupos; se someten a sus códigos. Todos saben que ella hace lo que debe. Por eso el suicidio de todos los Sergios es un costo previamente aceptado.
Esta ha sido nuestra escuela. La que nos ha preparado para la guerra permanente. Para no reconocer a sus víctimas. Para no dialogar con sus victimarios. ¿Cuál es el problema?
Bernardo Congote