Por: Juan Sebastián Jiménez
Espero estar equivocado, pero la guerra en Siria —que ya ha dejado 6 millones de desplazados y 300 mil muertos— no acabará pronto. Y peor, de sus cenizas nacerá un conflicto posiblemente peor, promovido por Estados Unidos y Rusia, en esta nueva guerra fría.
Me refiero a lo que ocurre en Kurdistán: una región de Asia Occidental, poblada por entre 30 y 50 millones de kurdos, la minoría étnica más grande de Oriente Próximo, y cuyo territorio reparte entre Siria, Irak, Turquía e Irán. Los kurdos llevan décadas luchando por un Estado kurdo, lo que ha generado conflictos, especialmente con Turquía, que considera al independentista Partido de los Trabajadores del Kurdistán, una organización terrorista.
Como un efecto dominó, la guerra en Siria ha avivado este conflicto, debido en parte al rol protagónico que han asumido los kurdos a la hora de combatir al Estado Islámico y, a su vez, al régimen de Bashar al-Asad.
Los kurdos se han convertido en la punta de lanza de la guerra contra el EI, por lo que han recibido armas y apoyo por parte de Estados Unidos. Pero tanto esfuerzo no es gratuito: los kurdos quieren que al final de la guerra en Siria les den un Estado. Sencillo.
Ya los kurdos de Irak han dado un paso en este camino, al anunciar un referendo independentista para el 25 de septiembre, que a diferencia del de 2005, será vinculante, o eso dijo el presidente de esta región, Masud Barzani, en Foreign Policy.
En Siria no hay un Estado kurdo establecido. Sin embargo, en 2014 se creó la Federación Democrática de Siria Septentrional, llamada coloquialmente Rojava, un intento de Estado surgido en medio de la guerra que ya cuenta, incluso, con una Constitución. Es cierto que los peshmerga, la guerrilla kurda, ha demostrado que es capaz de combatir y acabar con el EI. Pero la cura puede ser peor que la enfermedad.
¿Se acuerdan de un tal Osama Bin Laden, que fue entrenado por la CIA durante la invasión a Afganistán por parte de la Unión Soviética y que luego fue el cerebro de uno de los mayores atentados terroristas de la historia, en contra, precisamente, de Estados Unidos?
No digo que los kurdos vayan a terminar como Al Qaeda. Pero el establecimiento de un Estado kurdo va a molestar a muchos. O todo lo contrario, si el Estado kurdo no se hace realidad, van a ser los kurdos quienes se van a sentir traicionados.
Para tratar de calmar a Turquía, angustiada con la entrega de armas a los kurdos, la portavoz del Pentágono, Dana White, dijo el pasado 10 de mayo que el pueblo turco y su gobierno podían estar seguros de que “Estados Unidos está comprometido con la prevención de riesgos adicionales a la seguridad y con la protección de nuestro aliado en la OTAN”.
Estados Unidos está jugando al equilibrismo y en esa disciplina no le ha ido muy bien. Eso no significa que los kurdos, al igual que muchos otros pueblos, no tengan derecho a la autodeterminación. Ni que en Oriente Medio no tengan derecho a preocuparse por la posibilidad de un nuevo conflicto.
Pero la historia deja lecciones que las naciones se niegan a escuchar. Y si no se hace algo, habrá una guerra en Kurdistán. Si Siria fue una muestra de la mezquindad de las potencias, Kurdistán será una muestra de su idiotez.