El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

La hora de la racionalidad

11 de octubre de 2016 - 09:15 a. m.

Después de los acontecimientos de los últimos días relacionados con el proceso de paz con las Farc, Colombia se encuentra en una encrucijada y en medio de una inmensa incertidumbre frente a lo que puede suceder. Se han perfilado tres actores que de no ponerse de acuerdo destruirían fácilmente los avances logrados hasta hoy que no son pocos.

PUBLICIDAD

Por: Alfonso Sanchez Cadavid*

El cese al fuego, la decisión de encontrar una paz negociada (todos han expresado esa intención) y un acuerdo firmado que los actores también en principio han acordado rever para ajustarlo y hacerlo más aceptable a la oposición.  Hay también un cuarto actor, la sociedad civil en su conjunto que no necesariamente está representada por la tercera parte de los habilitados que votaron el plebiscito o por el quince por ciento que votaron SI o que votaron NO.  Esa es la sociedad civil cuyo deseo de paz ha empezado a revelarse en las marchas estudiantiles por «la paz ya» y que puede ser un elemento definitivo para presionar a los políticos por un acuerdo pronto.

En estos días ha corrido la tinta de los expertos y analistas para explicar lo sucedido y sus razones y habrá muchos más análisis para entender por qué y cómo llegamos a ese punto.  Todo ello es útil para entender mejor las fuerzas detrás de los resultados, pero el hecho es que ya estamos con una paz medio cocinada entre las manos y lo que se necesita ahora es ver cómo se puede avanzar para logra el objetivo que todos dicen compartir: El gran acuerdo nacional.  Ese debe ser ahora el foco de la opinión pública.  Lo hecho, hecho está.  Ahora hay que salir del atolladero.

La dinámica de las discusiones que vienen se ha visto influenciada por los recientes hechos (plebiscito, Nobel de paz) que pueden endurecer las posiciones de los involucrados.  El gobierno se siente respaldado por la comunidad internacional, por los que votaron si y por las marchas en favor de la paz. El otorgamiento del premio Nobel de la paz al presidente Santos envía una señal poderosa al Gobierno de que el camino y los acuerdos hasta ahora logrados van en la dirección correcta.  En realidad, la comunidad internacional (con la excepción de Human Rights Watch) ha endosado el acuerdo como un modelo a seguir en otros conflictos.  Esto le daría alas a este grupo para oponerse a hacer modificaciones que desnaturalicen el mismo (el mejor acuerdo posible según los negociadores).  Por otra parte, el interés y el compromiso del Presidente de sacarlo adelante ofrece un margen de negociación y él así lo ha confirmado.

La victoria del No le ha dado legitimidad y piso político a los opositores al acuerdo según su interpretación de los resultados.  Sin embargo, el estrecho margen de victoria y la alta abstención han llevado a muchos comentaristas a cuestionar su legitimidad para ahogar una iniciativa de tal importancia nacional e histórica.  El uribismo que lidera esa oposición además tiene una agenda política clara que busca ganar la presidencia en el 2018 y mirarán cada decisión bajo esa lupa.  Para no mencionar su ideología política y su interés en controlar el conocimiento de la verdad de lo que pasó durante el conflicto.  Estos son poderosos incentivos para mantener rígidamente sus demandas de cambio a los acuerdos alcanzados.  Ahora la oposición está conversando con el Gobierno, pero no se ve claro cómo los actuales negociadores que creen en el acuerdo como está, puedan representar y tramitar las objeciones de una oposición que no quiere sentarse cara a cara para defenderlas y negociarlas con las Farc.

Las Farc saben que todo lo que sigue para adelante es perder algo de lo que habían logrado, pero tampoco desean regresar a la guerra (y así lo han dicho) ya que es peor que perder algo más en la mesa de negociaciones.  Hay que considerar que su dirigencia está envejeciendo y no se ven relevos obvios dentro de la guerrilla dado el monopolio de mando que han ejercido por muchos años.   A todo esto se suma la urgencia de finalizar un acuerdo para evitar que la tropa de las Farc (que se quedaron sin oficio ni ingresos) comience a migrar a las bandas criminales o al Eln (con su consiguiente envalentonamiento) mutando así el conflicto hacia uno peor y más incontrolable.  Al menos hoy hay con quién hablar. 

Como se ve los actores tienen muchos incentivos para endurecer sus posiciones, pero al mismo tiempo saben que es ahora o nunca.  No es lógico pensar que alguno de ellos quiera echarse encima un fracaso de la paz por los costos políticos a pagar.  No obstante, los riesgos de que esto ocurra son reales y pueden materializarse en un país tan polarizado ideológicamente y enfrascado en una discusión tan emocional y cargada como la que vivimos en Colombia.  Basta ojear los insultos que se lanzan en las redes sociales.  Por eso ahora se necesita más racionalidad, menos pasión y más cabeza fría para llevar todo esto a buen término.  

Las consideraciones anteriores implican la necesidad de un Plan de Acciones pragmático que consolide y facilite el logro la paz pero que al mismo tiempo no caiga en una discusión interminable informada por el sectarismo, la ideología política y el odio que termine con todas nuestras ilusiones por intransigencia o por la mala fe de los actores.  Dicho Plan podría comprender los elementos descritos enseguida:

a)    Avanzar ya en la implementación de todas las acciones contempladas en el acuerdo firmado que sean factibles y sobre las que hay consenso. Todo acompañado de una agresiva campaña de divulgación para mostrar los avances a la ciudadanía. Hay mucho de los acuerdos que las partes pueden implementar con los poderes que ya tienen y sobre los cuales no hay disputas como entrega de menores, desminado, actos de reconciliación, búsqueda de desparecidos, suspensión de las extorsiones, parar el procesamiento y venta de pasta de coca, erradicación manual, continuación del cese al fuego, seguridad, pedagogía y capacitación para los guerrilleros.

No ad for you

b)    Bajar el contenido emocional de las discusiones y acelerar la resolución de los desacuerdos sobre lo pactado con la ayuda de mediadores de alta reputación e independencia (hay varias organizaciones en el mundo que manejan el tema y tienen esos expertos).  Ellos podrían ayudar a identificar con claridad e independencia los intereses inmediatos de cada uno de los actores y las posibles áreas de coincidencia que maximicen las ganancias y minimicen las pérdidas de cada uno.  Los ajustes a que se llegue con base en esta ayuda de mediadores serían la base para modificar el Acuerdo de Paz.  Esta fórmula puede ayudar a resolver los desacuerdos específicos relacionados con la justicia, la verdad y la reparación, los valores familiares y religiosos, la participación en política y otras similares.  La mediación también sería un instrumento para medir y develar la sinceridad de las peticiones de los actores y para disminuir la carga emocional y mitigar la polarización.

c)    Mientras esto ocurre las partes se abstienen de emitir declaraciones individuales sobre sus puntos de vista acerca de lo que se está discutiendo   Una especie de cese al fuego verbal.  Esto para promover la tranquilidad y bajar el contenido emocional de la discusión.

No ad for you

d)    Formalizar un acuerdo político entre las partes que confirme las revisiones a ser introducidas y la forma más económica en tiempo y costo de ratificarlas.

Sigue en la página 2

e)    Buscar alternativas viables a la incorporación del acuerdo al Bloque de Constitucionalidad. Este es un tema mayor de orden legal.  Sin embargo, se debe discutir si se tiene que incorporar todo el acuerdo o si se puede tener un instrumento que dé las garantías necesarias sin todos los detalles de consultas, procedimientos, etc. que podrían restarle eficacia y flexibilidad a la implementación y podrían y deberían ser modificables más adelante en la medida en que sea necesario.  Si se lograra elaborar un documento de garantías mínimas pero suficientes para dar confianza sería más fácil encontrar el instrumento legal de formalización que sea durable, idóneo y satisfactorio para todos.  Esta sería una alternativa al impasse legal que ahora se percibe. 

No ad for you

Finalmente, la presión pacífica, permanente y constructiva por parte de la sociedad civil por un acuerdo rápido debe continuar y estimularse desde de los medios de comunicación, las bases de las organizaciones de estudiantes, de trabajadores, de campesinos, gremiales etc. para obligar a los actores a obtener un acuerdo rápido y a no entorpecer el mismo por razones políticas o personales.  Si la sociedad no presiona no habrá progreso y sí la tentación de dilatar.  Hoy con las redes sociales hay una capacidad inmensa de convocatoria cuyos efectos no serían insignificantes para la clase política incluyendo a las Farc.  Cada gremio debe asumir la responsabilidad por demandar acción y rapidez.

Hay esperanzas de que se logre la paz, pero hay que aterrizar el proceso en lo racional, sacarlo de lo emocional y visceral y ejercer presión ciudadana para su celeridad.  Y los ciudadanos debemos dejar claro que no queremos más guerra sino un acuerdo final de paz y pronto.

* Exombudsman del Banco Mundial.

Conoce más
Ver todas las noticias