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La mediación española

25 de marzo de 2015 - 11:22 p. m.

La mediación de Felipe González en favor de los presos venezolanos, Leopoldo López y Antonio Ledezma, no sé hasta qué punto debiera ser el mecanismo idóneo a seguir para resolver una crisis política cuyas razones son mucho más profundas.

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De aceptarse, lo cual parece inviable, sería el enésimo error de Nicolás Maduro, quien debiera encontrar en Unasur, como ya sucedió en la gestión exitosa de crisis en Colombia y Ecuador, o en Bolivia, el escenario óptimo para la mediación y resolución de este conflicto.

La posición de González es claramente cercana a la oposición. Mientras que, a pesar de las críticas, la posición de Ernesto Samper en Unasur es legitimada regionalmente y con el valor agregado de ser uno de los pocos mandatarios que, en una mesa de mediación, podría ser escuchado por Nicolás Maduro.

Asimismo, Felipe González, cercano a Henrique Capriles, puede asumir un factor de convergencia para una oposición, por completo atomizada, que no encuentra un alineamiento definido más allá de los intentos de algunos expresidentes conservadores como Pastrana, Calderón o Piñera que, conscientes de ello, buscan aglutinar a los adversarios del sistema, más que en torno a elementos compartidos, en torno a un factor común, como es su distanciamiento del oficialismo.

Las declaraciones en las que González tilda a Venezuela de “Estado fallido”, son por completo desafortunadas y desvirtúan, en su esencia, la función que debiera asumir como mediador. Primero, porque para mediar, es imprescindible contar con el reconocimiento de las partes en conflicto. Segundo, porque tales afirmaciones más bien revictimizan a una oposición que obtiene beneficios en los errores continuados de Maduro y contribuyen a debilitar una posible solución negociada.

Llegados a este punto, la verdad es que el primer error fue el de encarcelar a una oposición que, a su manera, se sirve igualmente de dosis incuestionables de violencia política, pero que termina por consolidar un cierto aura de “mártires de la democracia” del cual obtienen un rédito político incuestionable. Qué bueno sería hacer valer en Venezuela un principio básico de la democracia como es la libre competencia y disputa de las ideas.

Jerónimo Ríos Sierra*

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