Como sucede con ciertos amores, hace más de diez años me prendé instantáneamente de Michel Camilo y Giovanni Hidalgo, para luego olvidarlos sin remordimiento o nostalgia.
Camilo me fascinó con el tema From Within, esa intensa descarga de ritmos dominicanos, desplegada con un virtuosismo intenso y de sabrosa soberbia. “Es la euforia hecha piano”, escribió entonces Nat Chediak, en las liner notes de Calle 54, el emblemático documental del cineasta Fernando Trueba sobre el latin jazz de finales de siglo.
Hidalgo me conquistó años más tarde. Lo hizo, casualmente, de la mano de Michel Camilo, con un tema que apareció —quién sabe cómo— en mi iPod y que una vez puesto en marcha no pude dejar de reproducir. Papa Boco era una suerte de merengue (fruto de su primera colaboración, Hands of Rhythm, 1997) en la que galopaba la maravillosa soberbia de Camilo sobre los bongós armónicos de Hidalgo.
Cuánto me pesó este abandono luego de escuchar a los maestros, acompañados por el bajista Lincoln Goines, presentar su nuevo trabajo, el sábado pasado en el Teatro Libre de Bogotá: Mano a mano, Emarcy, 2011.
Como suele suceder con ciertos devaneos, Camilo e Hidalgo me golpearon con su maestría y calidez, en un concierto equilibrado en el que la intensidad de las improvisaciones de descargas y merengues se alternaba, pertinentemente, con la espacialidad y dulzura de las baladas y el danzón.
No le sobró al concierto un solo tema: del merengue inédito You and Me a la laberíntica y tranquila versión de Alfonsina y el mar, el diálogo entre ambos músicos fue intenso, bien ejecutado y sin lugar a bostezos.
Entonces me juré, arrepentido, emocionado, jamás olvidar de nuevo a estos dos grandes del Caribe.
* Juan Camilo Maldonado