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Las piernas en la ventana

12 de septiembre de 2014 - 07:53 p. m.

Estaba tomando una cerveza con mi amigo Felipe en su apartamento de Chapinero.

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A medianoche nos llevamos un gran susto al escuchar gritos que venían de afuera. En seguida notamos que por la parte superior de la ventana, a nueve pisos de altura, se asomaban unas piernas de mujer que colgaban, luchando por no caer.

Felipe se acercó rápido al ventanal de la sala y pudo ver que de la ventana de arriba se asomaba un hombre que sujetaba de los brazos a la mujer, ahora completa, para impedir que cayera. El hombre pidió ayuda y nosotros, asustados, subimos corriendo por las escaleras al apartamento 902. El señor gritaba que rompiéramos la puerta, así que yo la pateé como había visto en las películas.

En este caso la puerta no cedió, ni un poquito, y la desesperación se apoderó de nosotros: pateamos sin descanso. Tras un par de minutos, entre los dos logramos abrir un hueco en la parte inferior de la puerta, por donde pudimos entrar al apartamento.

El hombre ya había logrado subir un poco a la mujer y la tenía apoyada contra la baranda. Entre los tres no fue difícil terminar la tarea. Cuando ella estuvo en tierra firme, se desplomó llorando en el piso mientras el hombre la abrazaba. Felipe fue por agua. La adrenalina se había ido y ahora sólo quedaban preguntas y el temblor de mis piernas.

Pronto llegaron dos agentes de la Policía, acompañados del celador y de un vecino alarmado por el ruido. El señor explicó que la mujer, de unos 35 años, había saltado durante una discusión. Repetía con insistencia que necesitaba ayuda, mientras dibujaba círculos con el dedo alrededor de su oreja, queriéndonos decir que estaba loca, sin que ella se percatara. El policía anotaba todo en un formato. El tipo era su exesposo y ella era la dueña del apartamento. Tras resolver algunas dudas, Felipe y yo bajamos nuevamente, acompañados del celador y del vecino.

Volvimos a bajar y me fui para mi casa, todavía en shock. A la mañana siguiente recibí una llamada de Felipe. Me contó que su edificio estaba rodeado de bomberos y de policía porque una señora se había lanzado del noveno piso.

*Santiago Llano Luna.

*Las crónicas en este espacio han sido escritas para El Espectador por estudiantes de la revista Directo Bogotá.

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