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Los cuatro acuerdos

27 de septiembre de 2014 - 10:00 p. m.

Sabemos los profesores de colegios o universidades que la mejor enseñanza es el ejemplo. Por eso, los verdaderos maestros deben ser respetuosos, tolerantes, honestos y virtuosos para exigir con autoridad lo mismo de sus estudiantes.

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Ese compromiso pedagógico también lo tienen los padres de familia y todos aquellos que asumen compromisos de dirección en los sectores público y privado, como sucede con los políticos que comunican, informan y “educan” a través de los medios de comunicación. El registro de su verbo y de sus gestos se hace con especial diligencia.

En un país como el nuestro, en conflicto permanente desde hace 200 años, la construcción de un futuro tranquilo compromete una ponderada génesis de nuestra acción diaria, convertida en mensajes para nuestros niños y jóvenes. No se trata simplemente de mensajes publicitarios que nos hagan capaces de ser capaces, ni de odiar por odiar o de perdonar por perdonar. Para salir de la guerra la justicia debe actuar, y los responsables de delitos pagar sus culpas, pues de lo contrario la anarquía sería el pan de cada día. Por ello, y con ocasión de los debates en el Congreso donde los protagonistas son además víctimas de la violencia, y cuando el dolor colectivo reina en el ambiente, esta reflexión cobra especial importancia.

Para ayudar en este propósito de reconciliación y madurez bien nos haría recordar la sabiduría de los antiguos habitantes del continente que, como los toltecas, avanzaron de manera extraordinaria en esta dirección. En Los cuatro acuerdos, libro escrito por el mexicano Don Miguel Ruiz, se afirma que: “Nuestras vidas no son más que un sueño, cuyo creador es uno mismo”. Estos cuatro acuerdos son: 1. Sé impecable con tus palabras. Hay que hablar con integridad evitando hablar contra ti mismo y ofender a los demás. Las palabras tienen el poder para avanzar hacia la verdad y el amor. Con una sola palabra se puede cambiar una vida o destruir a los demás. 2. No tomes nada personalmente. Lo que los demás dicen y hacen es una proyección de su propia realidad, de su propio sueño. 3. No hagas suposiciones. Hay que saber preguntar y expresar lo que se quiere, evitando malos entendidos, tristeza y dramas. 4. Haz siempre lo máximo que puedas. Con esto evitarás juzgarte, maltratarte y lamentarte.

Recientemente se habla de un quinto acuerdo que consiste en ser escéptico, pero aprendiendo a escuchar.

Toda esta sabiduría universal podría ser la base de un manual de una convivencia individual y colectiva en momentos de turbulencia, odios e insultos. El llamado posconflicto no sólo va a necesitar dinero, sino sobre todo de unas buenas maneras y de una buena educación. Construir una buena actitud frente a la vida y frente a todo lo que nos rodea será la base del equilibrio y el respeto. Buen ejemplo, señoras y señores, buen ejemplo. Los niños y los jóvenes los están escuchando.

 

*Carlos Medellín Becerra, Exministro de justicia, profesor universitario

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