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Los retos de la sociedad del conocimiento en Colombia

23 de marzo de 2015 - 09:09 p. m.

En el mundo globalizado actual, la llamada “sociedad del conocimiento” se entiende como el uso intensivo de los sistemas educativos y de la ciencia, la tecnología y la innovación (CT&I) para transformar realidades sociales, económicas, políticas y culturales adversas, en función del desarrollo integral, la preservación del medio ambiente, el aprovechamiento sostenible de los recursos, la generación de movilidad e inclusión social, y el logro de la estabilidad social y política de los países.

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En este contexto, Colombia aparece como un país singular. En efecto, el país más biodiverso del planeta (con sus cinco macro-regiones geográficas), con una valiosa diversidad étnica, social y cultural, es sin embargo uno de los más inequitativos y excluyentes -socialmente hablando- de América Latina. Colombia ha tenido que convivir con un complejo conflicto interno durante medio siglo. No obstante los esfuerzos por modernizar y ampliar la cobertura de nuestro sistema educativo (básica, media y universitaria), esta agenda se encuentra retrasada con respecto a otras de la región. Lo mismo ocurre con el sistema nacional de CT&I. Las posibilidades que se abren para el país en un escenario de eventual posconflicto o posacuerdos, se deben aprovechar para dar un salto cualitativo en la agenda educativa y científica. En esa dirección, transformar, consolidar, proyectar y complementar los sistemas nacionales educativo y de CT&I resulta estratégico. La transformación de la educación y del conocimiento científico debe acompañar las transformaciones del país y sus regiones, y propender por un nuevo modelo de desarrollo que beneficie al conjunto de la población y especialmente a los actualmente excluidos.

La sociedad del conocimiento en Colombia se debe llenar de contenidos reales, con financiación adecuada, con articulaciones y sinergias, con una agenda de prioridades nacionales y regionales, sin perder de vista el radar de las comunidades científicas y culturales mundiales. La calidad y cobertura general del sistema educativo debe ser una prioridad nacional.

Las universidades deben avanzar en la excelencia académica, atendiendo a las señales internacionales (fronteras del conocimiento, complejidad e interdisciplinas) y realizando las adaptaciones necesarias a nuestra realidad y escala (nacional y regional). Es menester equilibrar formación básica, teórica y aplicada, currículos flexibles e inserción en las realidades laborales y profesionales. Varias universidades deben avanzar con prontitud a universidades de investigación, lo que requiere de climas internos propicios y los estímulos necesarios, inversión significativa, la formulación de agendas de conocimiento y programas de investigación que sean relevantes a nivel nacional e internacional.

Estas universidades deben tener una relación fluida con el sistema de CT&I, que debe fijarse metas importantes, como por ejemplo lograr que el gasto en investigación sea 2 puntos del PIB durante dos o tres décadas, la reorientación de los recursos de regalías, la búsqueda de financiación internacional, la formación de institutos especializados en temáticas de gran impacto (biodiversidad, marítimos y portuarios, ingeniería y materiales, reordenamiento territorial y urbano, reforma agraria, instituciones sociales y políticas, ciudadanías, identidades y culturas, entre otros), la formación del talento humano científico (doctores, magíster, especialistas y expertos) en distintos campos, y la articulación entre comunidades científicas, empresarios y políticas públicas.

*PhD, profesor titular, Universidad Nacional de Colombia

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