Al tiempo que millones en el mundo se manifiestan por la libertad de expresión y en condena contra los ataques, surge un grupo de inconformes con las muestras de apoyo al semanario francés.
No obstante, aclaran tajantemente que no sienten ninguna simpatía o justificación por los ataques. Su reivindicación más bien consiste en una libertad de expresión responsable y que no entrañe la ofensa de religiones. Roxane Gay, columnista del prestigioso diario británico The Guardian, se pregunta: “Si yo no soy Charlie, ¿acaso soy mala persona?”, y fustiga a Charlie Hebdo por pasar los límites de la libertad de expresión, y por considerar su humor de mal gusto. Aclara, sí, que nadie puede ni debe ser asesinado por aquello.
La historia reciente de la compleja relación entre medios y religión ha tenido episodios dramáticos que aportan al debate actual. En 1989 se ordenó asesinar al escritor inglés de origen indio Salman Rushdie por la publicación de la novela Los versos satánicos, por considerarla ofensiva contra el islam. En 2012, cuando el premio de la mejor novela árabe en Francia fue otorgado a Calle Darwin, del argelino Boualem Sansal, una fuerte polémica se generó. El escritor había visitado Israel en días previos, desoyendo los llamados al boicot, por lo que el consejo encargado de la designación del premio y compuesto por algunos embajadores árabes decidió postergar la entrega del citado galardón.
En 2013, Alaa Al Aswany, escritor egipcio, fue duramente criticado y casi agredido durante una conferencia en París en el Instituto del Mundo Árabe. El escritor había anunciado su apoyo a la dictadura del general Abdel Fatah Al Sissi. Abandonó el lugar escoltado por los reclamos de los asistentes.
Quienes acusan hoy de hipocresía a Occidente apelan a las censuras en contra de humoristas, políticos o escritores. En 2009, el obispo Richard Williamson, director de un seminario en Buenos Aires, fue relevado de su cargo por poner en tela de juicio la existencia de cámaras de gas contra los judíos en la Segunda Guerra Mundial. En 2012, el escritor francés Richard Millet encendió una polémica publicando el Elogio a Anders Breivik, en el que destacaba “la perfección” del crimen cometido por el xenófobo noruego en la isla de Utoya, donde asesinó a 77 personas. Y en ese mismo país, en 2014, se proscribió el espectáculo del humorista Dieudonné M’Bala M’Bala por su contenido antisemita. Europa vive un espinoso debate acerca de la libertad de prensa. Quedan dudas sobre una libertad de discurso absoluta y que en algunos casos puede contribuir a la riesgosa estigmatización.
*Mauricio Jaramillo Jassir, Profesor U. del Rosario