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Merkel: ¿la Thatcher del siglo XXI?

30 de septiembre de 2013 - 06:00 p. m.

La conservadora Ángela Merkel, con su estilo discreto, firme e impasible ante las presiones, asumirá el comando de Alemania por tercera vez y de paso el destino económico de los países del sur de Europa.

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En los próximos días, la “canciller de hierro”, tendrá que hacer nuevas coaliciones políticas debido a la derrota de los liberales en los últimos comicios, a fin de garantizar la estabilidad de su gobierno.

Ángela Merkel, hija de un teólogo, nacida en Alemania Oriental, doctora en química cuántica, distante de las ideologías y de los problemas mundiales, la señora de los números, lideró la victoria de su partido Demócrata Cristiano (CDU-CSU) al obtener más del 40% de los votos. El triunfo de Merkel y su significativo número de votos es de cierta forma comparable a la victoria de Helmut Kohl en una Alemania ya unificada. Los analistas vislumbran una aproximación de Merkel a la Social Democracia, aliados mediante la gran coalición implementada de 2005 a 2009 y partido con el cual se podrían establecer ciertos acuerdos.

Con una exactitud inherente a su formación, la mujer más poderosa del mundo, según la revista Forbes, ha dirigido a Alemania en los últimos ocho años y ha demostrado una posición bastante ortodoxa en el manejo de la economía y radical en el manejo de la crisis laboral en la Eurozona. Mientras los electores alemanes reiteraron su respaldo a la Alemania de Merkel, el mundo asistía expectante al resultado de esas elecciones por su innegable poder en el ámbito de la Unión Europea y por un relativo “desplazamiento del centro de decisiones de Europa desde Bruselas a Berlín”.

Para algunos expertos, detrás de la afirmación según la cual la “estabilidad en Europa es crucial para el bienestar de Alemania” hay una estrategia para una mayor germanización de Europa y un intento de reacomodar la correlación de fuerzas. Con el objetivo de mantener esa supremacía económica en el escenario de una Europa débil, Ángela Merkel seguirá privilegiando el sector exportador, apostará por mejorar la competitividad de los productos alemanes y garantizar los mercados de los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) como importantes destinos de exportación, ya que la relación comercial con esos países representa aproximadamente 50% de su PIB. Además, temas como salario mínimo, infraestructura y energía estarán en el orden del día.

Sin embargo, la Europa de Merkel no necesariamente representa una victoria para una Europa en crisis. No sería válido desconocer la voluntad política de Alemania en el desarrollo del proceso de integración en Europa; no obstante, la rigidez de Merkel, algunas veces comparada a Margaret Thatcher y su renuencia en apoyar a los países europeos deudores, se distancia del proyecto de una Europa comunitaria. Hace pensar que incluso en el proceso de integración más avanzado del mundo occidental, los grandes siguen grandes y los débiles siguen aún más débiles. ¿La Europa del capital dejará espacio para la social?

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