Ese fue el comentario u opinión generalizada en las redes sociales que los colombianos hicieron a partir de lo trasmitido en la 88 entrega de los Premios Oscar; y corresponde entonces hacer un análisis de contexto de lo que se vio, lo que se entendió y lo que definitivamente no se entendió y por qué no se entendió.
Por: Ray Charrupi, especial para El Espectador
Resulta necesario hacer una pequeña reseña de quién es Chris Rock, el presentador de la gala 88 de los Premios Oscar, y definitivamente uno entiende que este no es un humorista cualquiera. Rock, además de ser humorista, es un actor que ha ganado millones de dólares por sus shows de stand up comedy y películas que han estado en cartelera por varias semanas.
Chris Rock es uno de los pupilos más avanzados de Eddy Murphy y fue parte del elenco del show “Saturday Night Live”. Pero lo más importante aquí es que gracias al talento y humor de este artista, él ha podido hablar de la problemática del racismo en EE.UU, como por ejemplo cuando habló sobre la necesidad de las acciones afirmativas, haciendo alusión a que ese país es supuestamente diseñado para cualquier ciudadano y que un estudiante de calificaciones promedio C, puede incluso ser George Bush y llegar a ser presidente de EE.UU. Pero para ser un gerente de McDonalds, si eres negro, también se puede llegar, siempre y cuando tu calificación sea A+. Ver video. Ni qué decir de su documental “Bad Hair”, donde trata el tema de la cultura estética de los afroamericanos y cómo esta es una industria millonaria que se robustece a partir del prejuicio y los estereotipos racistas.
Ante la ola de críticas y denuncias a raíz de que por segundo año consecutivo los negros no fueron siquiera nominados en los Premios Oscar, se desencadenó todo un movimiento en las bases afroamericanas, pero sobre todo y más importante, muchas mega-celebridades negras y no negras decidieron no asistir a la gala, como protesta por la falta de diversidad en todos los niveles de la Academia. Fue así como —imagino— las directivas de los Oscar se vieron en la necesidad de salirles al paso a las críticas a causa de su error y tuvieron que llamar a Chris Rock como celebridad afro para presentar los premios; y de seguro este les aceptó con la condición de hacer lo que él quisiera.
Aunque Rock fue criticado por algunos afroamericanos por aceptar presentar la gala, creo que lo que hizo fue histórico, pues no permitió ser el típico negro que resulta vendiéndose como esquirol o evitando decir o hacer lo que a su contratante moleste o incomode. Chris Rock utilizó la oportunidad para decir de forma necesariamente repetitiva y contundente que la industria del cine es excluyente a pesar de que, como él, muchos negros han alcanzado altos niveles de reconocimiento en esta industria. No se calló, denunció y, junto con él, otras celebridades afroamericanas fueron a los Oscar, no a venderse, sino a recordar el garrafal error de la Academia.
Tal vez las partes más duras de la noche fueron cuando se hizo parodia mostrando a un negro vestido de preso, y eso fue para denunciar un sistema judicial prejuicioso que da pie a que uno de cada tres afroamericanos irá alguna vez a prisión; o cuando se hizo alusión a que cerrando febrero, Mes de la herencia africana, los Oscar no nominan a ningún afroamericano.
La presidenta de los Oscar es negra y manifestó lamentar la poca diversidad o ausencia de nominados afro por segunda vez consecutiva en los premios; así como ella, el presidente de los EE. UU. también es negro y lamenta los episodios de racismo que ha tenido que denunciar. Pero muchos dicen: “No hay racismo en USA: el presidente es negro”, “No hay racismo en los Oscar: la presidenta es Negra”.
La mejor explicación a esta miope opinión es la que dio Hugo Chávez cuando manifestó: “Obama es el presidente de los Estados Unidos, pero no es el jefe del Imperio”; y eso es lo que debemos entender frente al tema de los Oscar, puesto que estos premios son la resultante, o vitrina, de una industria multimillonaria como es el cine, la cual no se levanta cada día con la intención de discriminar a alguien, pero resulta haciéndolo cuando no es incluyente; y no es incluyente hacia afuera porque internamente tampoco es incluyente y entonces resulta favoreciendo sus intereses, que no son otra cosa que las producciones donde tienen relación los miembros de la Academia, los cuales son empresarios o representantes de estudios de cine, empresas de sonido, animación, vestuario, comercializadoras, libretistas, productores técnicos y, lo más importante, productores ejecutivos, o sea, los del billete.
En Colombia no entendemos sobre discriminación y menos sobre diversidad. Por eso venimos diciendo que toda la causa del conflicto armado colombiano de 50 años ha sido, de una u otra manera, la exclusión de poblaciones, sectores, ideologías, etnias, territorios, etc. Aquí opinamos de los negros sin serlo o sentirlo, opinamos de la mujer siendo hombres, opinamos de la adopción de niños por parejas del mismo sexo cuando somos heterosexuales y mayores de edad hijos de padres biológicos; es un rasgo muy vergonzoso de nuestra sociedad, que tiene una solución simple y es reflexionar antes de opinar preguntándome qué sienten los que están verdaderamente o directamente comprometidos con el problema a analizar.
Estoy seguro que los que consideraron negativo que se hablara mucho de racismo en los Oscar no son o se sienten negros; y eso no es malo, lo malo es que se permitan opinar sin detenerse a preguntar: ¿Cómo se siente o qué piensa el otro? Tal como hizo Chris Rock al salir a la calle y preguntarles a negros ¿qué les parecían unos “Oscar tan blancos”? Y la respuesta no fue otra sino que no se quiere nada regalado, pero sí se tiene que tener en cuenta el talento probado de los negros y la comunidad afroamericana como segunda población más importante de USA, lo que la consolida como un mercado que consume mucho cine y exige verse representado dignamente en las pantallas y no solo barriendo, presos, víctimas o victimarios.
La tragedia del pueblo judío es el episodio de discriminación y racismo más reprochado y amplificado en la historia por medios como el cine. Así se ha logrado que el mundo sepa que los judíos fueron víctimas de semejante horror a manos de los nazis y los sinvergüenzas que no hicieron mayor cosa por evitar esta tragedia; cada año hay al menos un premio para un película con carga histórica sobre el holocausto, lo cual genera, no solo que el mundo sepa lo ocurrido, sino que no se olvide y jamás se repita. Las masacres que han pasado con los negros e indígenas en la historia no pararon en los año cuarenta como sucedió con los judíos; más bien seguimos viendo masacres, terror y discriminación a indígenas y negros; tanta discriminación, que no fueron los negros nominados o por primera vez un indígena del Amazonas desfiló por la alfombra roja de Hollywood.
La razón por la cual el Holocausto nazi siempre está en Hollywood y nunca se olvida y siempre gana algún premio es porque Hollywood es judío; y debo decir que eso está muy bien, y los judíos tienen el deber con su historia y con la humanidad de recordar y no dejar olvidar que fueron víctimas, para que nunca más lo vuelvan a ser. Lo que sí está mal es que la industria del cine no haya entendido sino hasta ahora que cuando es diversa es poderosa, porque representa más audiencias y gana más público; más diversidad es menos discriminación, más salas llenas, nuevos referentes, más dinero y por ende más desarrollo para todos.
Estados Unidos es, con todo y sus accidentes sociales, la potencia de la diversidad. Entonces, dicho esto, no faltará el que se preguntará: ¿Por qué los negros no hacen industria cinematográfica? Y la respuesta es que sí hay muchos que están incursionando, pero los judíos ya eran dueños del cine antes del Holocausto, mientras que los negros estaban siendo colgados de árboles en Estados Unidos con solo 80 años de haber sido liberados como esclavos.
Como Alejandro Gonzales Iñarritu no es un colombiano descontextualizado, sino un mexicano conocedor y cada vez más influyente en Hollywood, cuando recibió su Oscar como mejor director, distinto a las redes sociales colombianas, dedicó su premio a hablar de que era necesario hacer todo para que un día el color de la piel importe lo mismo que el largo del pelo; ratificando así, que nunca es demasiado cuando se trata de denunciar y solidarizarse con la lucha contra el racismo o cualquier discriminación.
La industria del cine y los premios Oscar, gracias a lo que vimos este domingo, no volverá a ser la misma, y eso fue gracias a que unos negros cansones, ya sea con boicots o haciendo burla y excesiva alusión a la discriminación, hicieron entrar en razón a los líderes, que desde ya advierten que los cambios serán fuertes, difíciles pero sobre todo necesarios y buenos.
@RAYCHARRUPI