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Ni silencio, ni apatía

10 de febrero de 2017 - 07:28 p. m.

Por: Lina Marcela Cárdenas / @MarceCardenas23 

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Era 1955 cuando Rosa Parks dijo “¡No!”. Ella, una mujer afroamericana en la época más racista de los Estados Unidos, se negó a ceder su asiento a un pasajero blanco y tener que irse a la parte trasera del autobús -tal y como lo establecía la ley- y aunque terminó en la cárcel, ella dejó un precedente, fue la chispa que impulsó a un Martin Luther King a “tener un sueño” porque no era rehusarse a cualquier ley, era imponerse contra la injusta, y la discriminación.

Las políticas excluyentes de Estados Unidos no nacen el 20 de enero de 2017, Donald Trump no sólo es el resultado de un sistema democrático legítimo, sino además, sus medidas discriminatorias sólo replican un mismo modelo Estatal carente de inclusión social existente desde mucho antes de Rosa Parks; esta realidad también responde a una aceptación social innegable de un porcentaje considerable de la población; son millones de corazones colmados de odio, el odio a la diferencia.

Sí, son tiempos difíciles para nosotros los musulmanes, pero está de más victimizarnos! por el contrario, es para nosotros como comunidad, un deber -o debería serlo- enaltecer y dar a conocer las prácticas de cofradía, hermandad y humanidad que caracterizan nuestra fe y sobre la que recae la injusta estigmatización y el prejuicio. Aquí, reside uno de nuestros mayores retos, y es luchar contra la desinformación y la ignorancia, que es la llave que abre la puerta al odio.

“Y no disputéis entre vosotros (…) sed pacientes en la adversidad, pues ciertamente, Dios está con los que son pacientes.” (Corán: 8:48)

Toda transformación social requiere que estas realidades adversas desemboquen no en lamentaciones sino en acciones más inteligentes y propositivas; aquí es tiempo de construir -pero no precisamente muros- sino espacios que inviten al diálogo, a retomar comunidad, a fortalecer la solidaridad y la fraternidad, no sólo entre iguales sino en la diversidad y la pluralidad.

Si bien, se han suscitado grandes cambios, las instituciones continúan profundamente permeadas por la segregación, y nos encontramos frente una sociedad que ha naturalizado no sólo el racismo, sino en general, la exclusión social como una forma de ver la vida. Pero aun así, lo sensato jamás será acostumbrarse o actuar acorde a unas leyes que van en contra de unos derechos claramente definidos para todos los seres humanos sin distinción alguna.

“Y entre sus signos está la diversidad de vuestros idiomas y de vuestros colores. En esto hay signos para la gente que posee conocimiento”. (Corán: 30:22)

Soy una firme convencida en que la justicia social es el camino, y el miedo, el odio y la violencia no habrán de definir nuestros destinos.

En tiempos de injusticia, que lo reprochable sea el silencio y la apatía.

*Profesional en Relaciones Internacionales y Estudios Políticos 

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