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No queremos vallenato en San Pelayo

26 de junio de 2013 - 06:00 p. m.

Estoy casi seguro de que esta no es la primera columna sobre el tema. Pero tengo la esperanza de que sea la última.

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¿Hasta cuándo los organizadores del Festival Nacional del Porro de San Pelayo se dejarán meter a esa horda de vallenateros antes de la alborada? Los amantes del porro exigimos respeto a nuestra bella música, que no tiene nada que envidiarle a ninguna otra. ¿Cuándo han visto a una de nuestras bandas inaugurando el festival vallenato?

A los silvestres cantantes que emiten ese horripilante ruido mal ecualizado les pagan 40 millones. Y nuestros grandes compositores de porros y fandangos, sucreños y cordobeses, en el cuarto del olvido. Muriéndose de hambre. ¿Para qué han servido 37 años de Festival Nacional del Porro en San Pelayo si aún seguimos creyendo que aquella ruidosa horda es superior a nuestra bella música de bandas? La omnipresencia del vallenato es una de las razones por las cuales mi Caribe colombiano es tan atrasado y corrupto.

Sólo hay que mirar el aviso publicitario que promueve el tal concierto de alborada en la Tarima María Varilla (escenario emblemático del Festival, de carácter público), para notar la importancia que se le da a cualquier cantante y lo inferior que es considerada la Banda 13 de septiembre de Canalete. Eso sin tocar el tema del tratamiento de quinta que se les brinda a nuestros músicos, hospedándolos en colegios, donde duermen en colchonetas y hamacas, expuestos al mosquito. ¿A los músicos cesarenses y guajiros se les trata de la misma forma? ¡Claro que no! Estamos ante un grave desprecio de lo nuestro.

Sé que no estoy solo en mi indignación. El gran maestro cordobés Pablo Flórez Camargo —a mi juicio más importante que cualquier Escalona, Zuleta, Gutiérrez, Díaz o Castillo— lo había cantado: “No quiero un malentendido de mis amigos vallenatos. Lo que quiero es que al porro mío también lo escuchen un rato… Los músicos vallenateros, todos tienen plata en los bancos. Y el músico fandanguero: la rula y el garabato. Recorro las emisoras y en toditas suena acordeón. Con esa misma camorra han acabado con mi folclor”. Se llama No soy enemigo del vallenato y los invito a escucharla.

Que las razones son económicas, dirán algunos de los organizadores. Me preocupa que, ante una crisis financiera, sean capaces de vender a la mamá con tal de hacer el Festival. ¿Acaso la Alcaldía, la Gobernación y el Ministerio no aportan suficientes recursos? Supongo que las flamantes empresas cordobesas que patrocinan tal concierto, también apoyan con grandes sumas al Festival. ¿O me equivoco?

¿Por qué tienen que obligarnos, a los amantes del porro, a soportar esa gritería sin sentido estético? Debería, al menos, haber un fandango de apertura del Festival, en el marco de la Plaza Principal de San Pelayo. Lo digo con mucho honor y sabiendo lo que digo: el eje de la identidad sabanera, sinuana y sanjorgense es el porro. ¡Viva el porro! ¡Viva nuestra identidad!

A quienes están de acuerdo, los invito a sentar su voz de protesta en las redes sociales: #NoQueremosVallenatoEnSanPelayo

 

 

*Ensuncho de la Bárcena

 

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