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No vamos a salir juntos

21 de abril de 2020 - 12:00 a. m.

Por: Lorenzo Villegas

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La frase que escuchamos en emisoras, televisión y vemos escrita en piezas gráficas colgadas en la internet no es tan cierta. No vamos a salir juntos de esta crisis por varios motivos. El primero es que entramos solos, cada quien por su lado, ya éramos una sociedad de individualistas antes de llegar el virus y ahora no será la diferencia y lo que mal empieza, mal termina.

En febrero, antes de que empezara la cuarentena, ya se había destinado 15 mil millones de pesos para atender una posible epidemia. Sin embargo, con toda esa inversión la cuarentena llegó y la plata no se vio. Luego vinieron los cierres de negocios, empresas y entidades públicas; esto desembocó en pánico de compras demenciales, como la de proveerse de papel higiénico para el apocalipsis. Cada quien salió por su lado a los mercados a comprar de todo en cantidades exageradas, sin importarle si el otro ciudadano se quedaba sin abastos.

A los pequeños y medianos empresarios nadie les ayudó; cada uno se rascó la cabeza para ver cómo mandar a sus casas a los empleados, sin hacer despidos injustificados y con el pesar de saber que sufrirían penurias sin la habitual quincena. Cada quien tuvo que inventar la manera de seguir con las ventas de sus productos y lo único viable fue montar despachos, domicilios, vender a distancia. Con esto algunos han logrado subsanar algunos gastos, como nómina, pero cada uno solo, nadie les ha ayudado. El caso de algunos restaurantes llega a no poder vender ni a domicilio para pagar sus nóminas porque les cobran el arriendo completo. Nadie ayuda a nadie.

Los bancos solo ofrecen extender los créditos, correr la deuda, pero perdón no, congelar la deuda, menos. Incluso te llaman a preguntar por qué no has pagado tus obligaciones. O sea, tranquilo, por ahora lo dejamos atrasar, pero a la vuelta de la esquina lo esperamos. Los impuestos, predial, servicios públicos, industria y comercio, pago de Cámaras de Comercio, siguen al día en sus cobros.

Mientras tanto el gobierno piensa en pedir créditos al FMI que adivinen quiénes pagarán; también se le ocurrió una reforma tributaria que, de no ser una pantomima para aumentar la popularidad del gobernante, es un despropósito a estas alturas, porque esa reforma no será, por seguro, para rebajar impuestos o perdonar obligaciones.

Las multinacionales tienen tendencia al re-shoring; parece que la idea que toma fuerza es volver las casas matrices a sus países de origen con más computadoras y robots, lo que generará desempleo tanto en los países de los que se van, como a los que llegan. A estos menos les importa la situación de los demás.

Parece que lo único que nos queda es apoyarnos a nosotros mismos, de manera local, comprar lo de aquí a los de aquí, pero para eso tiene que existir voluntad política, liderazgo gubernamental, un presidente interesado en ayudar a la base de la pirámide; sin embargo, eso es lo que menos ha sucedido hasta ahora y de la mano de bancos y corporaciones lo que se espera es que se apriete más la cuerda alrededor del cuello de los contribuyentes. De esta no vamos a salir juntos, de eso estoy seguro.

@lavillegar

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