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Ojos que no miran

14 de octubre de 2015 - 09:00 p. m.

En 1933, Hellen Keller planteó un desafío a los lectores de la revista Atlantic Monthly.

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En su artículo Tres días para ver, la escritora —ciega y sorda desde que tenía nueve meses— decía: “A menudo he pensado que sería una bendición que cada ser humano se quedara ciego y sordo unos días en algún momento de su juventud”. Según Keller, la sensación de que el tiempo se extiende ante nosotros en un panorama constante de días, meses y años inagotables, nos impide mirar con atención y delicadeza.

Las antiguas farolas que hay en el paseo de La Rambla de Barcelona no son todas iguales. Subiendo por el lado derecho, de espaldas al mar, algunas farolas tienen cinco brazos. Están agrupadas de cuatro en cuatro, en cinco puntos diferentes del paseo. Cinco puntos que coinciden con las puertas de la antigua muralla medieval. También hay un dibujo pintado sobre el pavimento, a la altura del tramo Pla de l’Ós. Es una figura conformada por pequeñas piezas de colores. Un regalo de Joan Miró para su ciudad. No puedo precisar el número de veces que he caminado por La Rambla y no me había fijado. Ni en las farolas de cinco brazos, ni en el dibujo de Miró. Tuvo que venir alguien desde muy lejos, con sus ojos ávidos de novedad, para que pudiera darme cuenta.

Keller preguntós: “¿Cómo usarías tus ojos si sólo tuvieras tres días para ver?” A veces los latidos de su corazón se transformaban en un grito furioso. Lamentaba la pereza de los que tienen la dicha de vivir en el mundo de la luz, y pasan sin mirar. Sin honrar el privilegio de poder contemplar el espectáculo de color y movimiento que los rodea.

A lo largo de ocho páginas, Keller detallaba su recorrido imaginario. El primer día, le habría gustado contemplar los rostros de las personas que hacían que su vida mereciera la pena. Mirar los ojos de sus perros, las bagatelas que convertían su casa en un hogar, caminar por el bosque. Sus manos habían palpado los contornos de dioses y diosas de la antigua tierra del Nilo, pero deseaba poder ver las obras de Rafael, Tiziano, Rembrandt y da Vinci. “Yo soy ciega —concluía Keller— puedo dar pistas a aquellos que ven: utiliza los ojos como si mañana tuvieras que quedarte ciego…”

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