La legislación de Panamá es rigurosa en el control de sus contribuyentes, y por ello no es paraíso fiscal, pero no grava operaciones fuera de su territorio, afectando las finanzas de terceros países.
En Colombia ha sido recurrente la utilización de Panamá como un destino de inversiones, en muchos casos con pagos por operaciones ocultas —no necesariamente ilegales— realizadas bajo la mesa, que buscan asegurar los patrimonios en países generosos en imposición para rentas obtenidas en el exterior, de tal manera que no pagan impuesto en ninguna parte.
La declaratoria de Panamá como paraíso fiscal que hizo el Gobierno Nacional traerá como consecuencia una reacción del gobierno panameño, que no ha dado muestras de adoptar un mecanismo de intercambio de información con las autoridades colombianas, afectando gravemente las reales posibilidades de control que la DIAN pudiera ejercer sobre patrimonios de nacionales ocultos en corporaciones o fundaciones panameñas.
Últimamente, las autoridades colombianas han dedicado buena parte de sus esfuerzos legislativos y administrativos a sacar a la luz los patrimonios que han sido tradicionalmente ocultados, no sólo por razones de seguridad sino, casi siempre, para evitar la tributación en Colombia, y para ello no ha contado con la colaboración de Panamá.
Es difícil cuantificar el beneficio que la nueva calidad que adquiere Panamá pueda generar a las autoridades nacionales en control tributario; sólo tarifas mayores de retención (33%) y la presentación de precios de transferencia por operaciones con contribuyentes ubicados allí, pues en nada contribuye la declaratoria para que los patrimonios no permanezcan ocultos.
Quedan pendientes las reacciones panameñas, seguramente afectando con imposición la repatriación de capitales de colombianos, a quienes se ha constituido formalmente como inversionistas extranjeros en Panamá, o reacciones diplomáticas que, imaginamos, ha considerado ya el Gobierno.
Distintas serían las consecuencias si se suscribe acuerdo de intercambio de información, pues allí sí quedarían en evidencia tanto los inversionistas formales, que ya lo están, como aquellos que están ocultos de verdad y que seguramente no realizan operaciones entre los dos países, quienes continuarán gozando de un verdadero paraíso, como hasta hoy.