Por: Mar candela*
“No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”. Virginia Woolf
Voy a hablar sin anestesia.
Millones de mujeres crecimos escuchando que no deberíamos escoger de pareja a un hombre que “no tuviera nada que ofrecer”. Nos repitieron muchas veces que “de amor nadie vive”, y sí. Nos putearon la vida haciéndonos creer que estaba mal amar a un hombre pobre.
La cosa se puso mucho peor cuando los hombres empezaron a ver que era muy buen negocio enamorarse de mujeres dispuestas a tener hasta tres jornadas laborales y ayudar a aumentar su capital y hoy día mayoría de hombres modernos quieren mujeres profesionales, estables económicamente, buenos polvos, lindas, sexys, complacientes y obedientes. No los culpo por eso. Ni bobos que fueran ellos: saben que la mayoría de nosotras haremos lo que sea por ser elegidas para construir un hogar como el de las películas románticas, sin importar el precio a pagar.
Nosotras tenemos parte de responsabilidad en el hecho, ya que por aquello de no “quedarnos” nos esmeramos por cumplir todas sus expectativas. Porque nos aterra ser “solteronas”.
Los hombres mucho mayores aún nos prefieren “del hogar”, serviles, sonrientes, sexys, lindas, complacientes y buenos polvos. “Damas en la calle, y sus putas personales en la casa”. Y para desgracia nuestra, para muchas de nosotras sigue siendo un alivio un hombre proveedor que solo nos exija vernos lindas, ser buenos polvos y serviles, si nos da todo lo que consideramos que necesitamos en la vida, materialmente hablando.
Y todavía en pleno siglo XXI el matrimonio es la única salida de la mísera para un gran porcentaje de mujeres. Y tampoco las culpo. El sistema que nos avasalla con la pobreza extrema y casi ninguna oportunidad real de superación personal nos lleva a un gran número de mujeres a casarnos primero por negocio antes que por amor.
No pocas mujeres que hoy tienen empresa y vida económica solvente fueron mujeres que decidieron aceptar el apoyo de un hombre proveedor que las sacara de su encrucijada material sin importar que el precio fuera ser suya.
Claro que es importante reconocer que la realidad hoy día es otra. Que eso no solo nos pasa a las mujeres. Ya vemos jovencitos conviviendo con mujeres que les doblan la edad a cambio de calidad de vida. Es algo realmente triste. No ahondaré en esa cara de la moneda.
Mi mensaje es especialmente dirigido para las mujeres.
¿Cuál es el punto de lo que estoy hablando? Simple: el capitalismo salvaje nos tiene presas. Es real que de amor no se vive. Tan real como la verdad de que sin amor la vida sabe a mierda. No obstante, no es ningún negocio cambiar la libertad por calidad de vida.
Hoy les cuento una de mis anécdotas;
Cuando yo era una muchachita que vivía sola, no pocos hombres me ofrecieron «estabilidad» y NUNCA acepté, porque el precio era «ser suya”. Y se los digo sin anestesia. Si deciden casarse por plata, por favor, por amor a ustedes mismas, en el contrato no puede estar ser presa. Así la jaula sea de oro.
En este mundo, donde el Dios dinero manda la parada, donde si no tienes plata para pagar por tu derecho a una vida digna se venden muchas cosas –entre ellas atención sexual–, lo único que no deberíamos vender es la libertad. Y la fidelidad que debemos tener a nuestro proyecto de vida.
Quiero y busco que un día esta realidad tan cruda y dolorosa termine. Esa realidad donde muchas tenemos que cerrar el corazón a hombres realmente buenos porque están en la inmunda, como nosotras. Y lo vamos a lograr porque estamos trabajando por un planeta con mayores oportunidades reales para las mujeres. Mientras ese glorioso día llega, mi recomendación es que cada vez que veas en un hombre tu “tabla de salvación” pienses: «Me va a dar estabilidad», está bien. ¡¿A cambio de qué?! Esa es la pregunta. Y si el precio es tu libertad, socia, no solo es pésimo negocio, es un negocio peligroso.
Cuando vendemos nuestra libertad nos convertimos automáticamente en foco de todo tipo de violencias. Y ya sabemos que esas violencias pueden terminar incluso en feminicidio.
* Ideóloga Feminismo Artesanal.