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Por la positiva

22 de junio de 2016 - 09:17 p. m.

Las negociaciones de La Habana son asimétricas. Lo son porque el Estado aumenta su razón de ser (legitimidad) y las Farc dejan de ser (grupo o banda armado). Las Farc dejan de ser, entonces, un grupo armado amenazante del Estado, se somete a éste y entran a jugar con las reglas del juego en que juegan todos los actores políticos.

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Que tiene un costo ese sometimiento, sí, y por eso hay una negociación. Se acude a unos mecanismos especiales, que, de un lado permiten la conformación en actores políticos de los actores armados y por otro hay un sistema de justicia que se denomina especial y que tiene un carácter restaurativo y no sola y exclusivamente represivo. Por ello la importancia del reconocimiento, presencia e incorporación de las víctimas. Hasta ahora la justicia restaurativa no ha funcionado bien en Colombia, según datos de la Unidad de Atención y Reparación de Víctimas (UARIV), le deben al Estado más de tres billones de pesos, quienes han sido declarados culpables y  se ha recaudado menos del 10% de las multas impuestas. El blindaje jurídico de lo negociado es fundamental no solo para quienes negocian y especialmente para quienes entran a la política desarmada, la experiencia nefasta de la Unión Patriótica es un indicador predictivo demasiado fuerte para que vuelva a ocurrir. Pero también debe ser claro y sagrado  compromiso, que quienes se han sometido a las nuevas reglas de juego (la política desarmada) no pueden ser “anfibios” o sea jugar al doble papel del armado y del  desarmado.  La ‘Justicia Restaurativa’ la planteó uno de los padres fundadores de la Sociología, Emilio Durkheim, hace más de cien años (1893, en su obra ‘La división del trabajo social’) como un signo de modernidad. Es decir que una de las expresiones de modernización es el predominio de la ‘Justicia Restaurativa’ sobre la ‘Represiva’. Pero la Justicia Restaurativa si es punitiva, no en el sentido del castigo físico o la pérdida de la libertad sino que privilegia la reparación. Para entender mejor esto, podemos aludir al caso de la inasistencia familiar. Esta conducta es un delito y se castiga con cárcel. Pero meter a la cárcel, privar de la libertad a quien ha incumplido sus deberes con su familia es impedir que esa persona cumpla precisamente por lo que se le castiga.  Finalmente ambas partes pierden. La familia que sigue en la inasistencia y el culpable que sigue incumpliendo por la imposibilidad de cumplir al estar preso y desde luego la sociedad que queda con un problema sin resolver.  La ‘Justicia Represiva’ es exclusivamente punitiva en el sentido de castigo, usualmente privativo de la libertad.  La ‘Justicia Represiva’, expresa más venganza social (Blutrache, expresión del derecho germánico antiguo) que sentido de justicia moderna. Pero quizás no hay que apelar a ejemplos clásicos y foráneos, aquí mismo en esta tierra de Colón, los Wayú nos dan un ejemplo claro de ‘Justicia Restaurativa’. Los dos temas gruesos de la negociación de La Habana para pactar la paz, son el tema de la participación política y el tema de la reparación a las víctimas y lo que une a ambos temas son la Justicia Restaurativa y el blindaje a la participación política. Otros temas de  programa harán parte de la lucha política, de lo contrario las mismas Farc (como movimiento político) entenderían que se quedarían sin programa. En otras palabras, sus pretensiones políticas entrarían al juego de la democracia y será el pueblo ciudadano el que escoja el programa a través de las elecciones.  Creo que una negociación (y en cualquier curso sobre el tema se parte de ahí), y mejor una buena negociación, es cuando ambas partes ganan. Se ha dicho con acerba critica que en esta negociación una parte gana impunidad y la otra un desarme incierto. La verdad es que la mayor impunidad es la guerra. De tal manera que someterse al Estado es comenzar a reparar. La Justicia Transicional, como se ha querido llamar a la Justicia Restaurativa, pero quizás con un dejo de cierta excepcionalidad ad-hoc, debe ser la garantía de la reparación, de la justicia a las víctimas. La pregunta siguiente es ¿estamos preparados para un ejercicio eficaz y eficiente de esta Justicia Transicional? La única alternativa es prepararse quizás deslindándose parcialmente de la vieja justicia institucional y de sus atávicos males (demora, impunidad, corrupción, etc.). La ‘paz’ a la vuelta de la esquina plantea interrogantes y desafíos no para descartarla sino para implementarla. Y sobre eso es que debemos estar discutiendo los colombianos y colombianas y quizás mejor preparándonos. Víctor Reyes Morris*, profesor de la Universidad Nacional de Colombia  

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