Mueren en cantidades inusuales los pelicanos en el Caribe. Los pescadores se alarman y hablan de tres mil aves muertas.
Las autoridades ambientales moderan esas cifras y señalan que son solo centenares las que han perecido en diferentes áreas del litoral sin que se conozca las causas precisas de este alarmante hecho. Un funcionario de la Corporación Autónoma Regional del Magdalena afirma “los pelicanos muertos apenas son cien” como si esa cifra no fuese suficiente para preocupar a la ciudadanía de por sí angustiada con la oleada intensa de calor y la prolongada sequía que afecta a todos los seres vivos del Caribe colombiano.
Algunos investigadores creen que este fenómeno tiene un carácter cíclico y se ha repetido por décadas, pero solo en años recientes se han efectuado registros de dichas muertes. Al parecer estas son causadas por la inanición que afecta a ejemplares juveniles de estas aves migratorias. De todas maneras los biólogos han realizado necropsias y se esperan los resultados de estos exámenes próximamente.
Las muertes de los pelicanos dejan en claro diferentes valoraciones de los animales y conceptualizaciones del entorno por parte de las agrupaciones humanas que habitan en el país. En la mente de muchas personas los animales solo son simples organismos que funcionan como una especie de animado reloj de cuerda a los que se les niega la condición de personas que en el pensamiento occidental se considera exclusiva de los humanos. En algunos pueblos amerindios de la región Caribe la noción de persona no está reservada a los humanos sino que se extiende a animales, plantas, cerros, vientos y astros. La pregunta desde la cual parte la explicación del mundo no es, como en la ciencia occidental, ¿cómo funciona esto? sino ¿quién y por qué lo causa?
Muchos grupos indígenas consideran la causalidad de ciertos fenómenos naturales o del comportamiento animal como algo personal y no biológico o mecánico. Para los pescadores wayuu estas aves mueren porque en tiempos extraordinarios Yorija, el pelicano, era un pescador que pidió prestada las redes a una estrella llamada Simiriyuu. Yorija, para quedarse con ellas, bajó por toda las costas guajiras y se escondió cerca de la Boca de Camarones. Cuando la estrella, preocupada por sus redes, le exigió devolverlas este las ocultó en su pico cuya parte inferior se tornó para siempre ancha precisamente porque las engulló. Desde entonces Yorija perdió la reputación de su honradez y justo por estos días del año la estrella les arroja piojos y vientos mientras vuelan causándoles la muerte en venganza por la pérdida de sus redes.
Son dos visiones del mundo y de explicar su funcionamiento. Dentro de una perspectiva positivista es difícil de aceptar que los animales o los astros puedan tener capacidad de agencia, conciencia y código moral. También es difícil desde la perspectiva de estos pescadores indígenas entender que se pueda obtener conocimiento de los árboles o animales separando sus partes, diseccionando a un ser vivo o arrancando las plantas del suelo.
*Weildler Guerra Curvelo
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