Los resultados del plebiscito dejaron sin lugar a dudas un sentimiento de incertidumbre y de inestabilidad.
Por: Luis Fernando Samper*
Queda la sensación de que un Acuerdo de Paz, con algunas modificaciones sigue siendo viable, pero dependerá de muchas voluntades y de consensos entre personas con muy diferentes perspectivas y vivencias personales.
Independientemente de todos los escenarios posibles, en este momento vale la pena recabar sobre algunas enseñanzas que nos ha dejado hasta el momento el proceso. A lo largo de estos cuatro años de negociaciones la sociedad colombiana ha llegado a consensos que no debemos desechar y que deben mantenerse. El primero de ellos es que Colombia debe darle prioridad a su sector rural. El sesgo urbano en el desarrollo de las últimas décadas, aunado a tasas de cambio revaluadas que afectaron duramente a los sectores transables, ha puesto en evidencia la necesidad de buscar un desarrollo agrario integral. Difícil controvertir el primer capítulo de lo acordado en La Habana. Esa debe seguir siendo una prioridad en cualquier escenario.
Un consenso adicional que ha surgido de esta curva de aprendizaje de la sociedad colombiana es el de la necesidad de tener una visión regional, y aun local, del desarrollo. El axioma de que “la paz es regional” pasa por la necesidad de empoderar y hacer más efectivas a las organizaciones locales, capacitarlas, llevar justicia, construir confianza y capital social en centenares de comunidades afectadas por la violencia a lo largo y ancho del país.
Otro aspecto bajo el cual también hemos avanzado sustancialmente es sobre el rol del sector privado en la sociedad. Las empresas han comenzado a sintonizarse con los tiempos modernos, conscientes de que para mantener el favor de sus clientes nacionales e internacionales y continuar siendo atractivas para sus empleados deben desarrollar cada vez más profundas políticas de sostenibilidad que tengan en cuenta el contexto donde se desarrollan sus operaciones y la necesidad de mantener su licencia social para operar. Como resultado, la sostenibilidad y los propósitos están siendo integrados a su marco estratégico de negocios.
Temas como el desminado, la reintegración, los programas anticorrupción, la defensa de los derechos humanos o el respeto a las protestas sociales también hacen parte de esta curva de aprendizaje nacional de estos últimos cuatro años que no debemos desaprovechar como sociedad.
Buena parte de estos avances hacen parte de lo que se ha llamado, quizá demasiado genéricamente, los programas de postconflicto. Podemos decir que el hecho de haber concebido y habernos permitido soñar la Colombia del postconflicto es quizá nuestro mayor avance y que en este frente no debemos perder el tiempo. Debemos reforzar los consensos que como sociedad hemos alcanzado para incluir en el desarrollo y calidad de vida a comunidades vulnerables que tienen una oportunidad de integración que no debemos dejar ir.
Es por ello que el consenso alrededor de movilizar la sociedad, sus prioridades, indicadores y el quehacer del Estado y de otros sectores alrededor de los programas de posconflicto se debe mantener en cualquier escenario político. La empresa privada debe seguir estando comprometida, y los planes de implementación, los presupuestos y el enfoque de hacer de Colombia una sociedad más incluyente no deben suspenderse a pesar de la incertidumbre política.
* Fundador y presidente de 4.0 Brands