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¿Qué busca Vladimir Putin en América Latina?

16 de julio de 2014 - 11:19 p. m.

Para muchos es un momento inmejorable para Rusia, no sólo por la popularidad interna de Vladimir Putin, sino por la proyección internacional difícilmente advertida hace unos meses.

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Con esto, el presidente ruso rebate la idea de que la popularidad entre su pueblo la había obtenido en desmedro del prestigio internacional.

La gira de Putin por algunas naciones latinoamericanas suscita varios interrogantes sobre el alcance de Rusia en el continente, así como de sus motivaciones para el acercamiento. Se había insistido desde el fin de la Guerra Fría en que la política exterior rusa había perdido toda ideología y se caracterizaba por el pragmatismo. A pesar de ello, Putin comienza a dar muestras de un proyecto de escala global con una viabilidad que, aunque discutida y rebatida, es cada vez más visible. Se trata de la promoción de un sistema internacional donde el centro de las decisiones ya no sean Estados Unidos y Europa, y la visión de otros sea incluida. Probablemente, en un mundo como ese, es decir, multipolar, Moscú no hubiese tenido que enfrentar semejante presión por lo sucedido en Ucrania.

¿Implica esta dinámica un retorno a la ideología soviética y a un proyecto de expansión regional y mundial? La respuesta es no. Moscú aprendió la lección del experimento de política exterior soviética cuando la fe en el comunismo lo llevó a arriesgados proyectos que fueron colapsando e hicieron mella en la propia Rusia. Aquello fue válido desde Angola hasta los llamados estados satélites en Europa Central y Oriental.

Ahora bien, llama la atención que la visita de Putin a América Latina no haya pasado por Venezuela. ¿Será por la crítica situación interna o estará ligado a la ausencia de Chávez? Las especulaciones abundan. En cambio, la llegada a Cuba y su encuentro con Fidel Castro generan cuestionamientos sobre el contenido futuro de esta relación. La condonación de un volumen importante de la deuda externa de Moscú a La Habana (más del 90%) es un gesto que desnuda la ambición rusa por rescatar una amistad de décadas en América Latina, pero abortada por el colapso soviético. Cuba y Rusia salen del aislamiento tras años de soportar la humillante derrota del socialismo real.

Y en cuanto a la proyección de los Brics, la visita de Rusia al continente le da un impulso para un bloque de economías emergentes que aún se percibe con escepticismo en las naciones más industrializadas. Sin embargo, la puesta en marcha de proyectos concretos contradice la idea de unos Brics que dependen tan sólo de la retórica diplomática. La crisis financiera internacional obliga a una reflexión sobre el curso de la economía global, lo que favorece la discusión que Rusia busca promover en el mundo, y América Latina es aprovechable en ese aspecto.

 

* Mauricio Jaramillo Jassir, Profesor Universidad del Rosario

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