A mediados de los 90 se vivenció un boom integracionista en América Latina, desde el sur del Río Bravo hasta la Patagonia, caracterizado por la dialéctica integración/fragmentación. América Latina se dividió en varias iniciativas disociadas, y se apartó de la posibilidad de un proyecto común.
La historia remite al 1° de enero de 1994, cuando el expresidente Carlos Salinas de Gortari anunció el cambio más profundo en la política exterior de México en el siglo XX: la firma del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLC), seguido por el ingreso de México en la OCDE. Mientras tanto, el Comandante Marcos daba a conocer el Movimiento Zapatista.
Para América Latina significó un cambio drástico en la geopolítica regional y en su nueva correlación de fuerzas en el mundo pos Guerra Fría. Era innegable la contribución de México a la conformación de la identidad latinoamericana, su producción intelectual, la grandeza de la Revolución Mexicana, su actuación como mediador en la pacificación de Centro América, el haber sido el único país que no rompió relaciones con Cuba; ahora no compaginaba con su nuevo modelo de inserción internacional.
América Latina asistió a la gradual “norteamericanización” de su política exterior, posteriormente al 11 de septiembre a la “securitización” y “desmigratización”. El muro de 1.100 km construido por EE.UU. en la frontera con México nos revela el fuerte componente de seguridad existente en el Nafta y que los TLC son más que tratados comerciales.
Esta semana Enrique Peña, futuro presidente de México, salió de gira a algunos países de Sudamérica. En la reunión con la presidenta Dilma Rousseff reconoció los logros de las políticas públicas implementadas en Brasil y la modernización de Petrobrás. Reiteró el deseo de recuperar la presencia histórica de México en el continente y que Brasil fuera un interlocutor y aliado.
El esfuerzo diplomático de México en los próximos años tendrá que ser no sólo para recuperar su papel de interlocutor, sino por posicionarlo nuevamente como uno de los principales líderes regionales. En los zigzags de la historia, Brasil miró hacia el sur y México hacia el norte. El reto ahora es unir el Norte de América Latina al Sur, sin perder el norte…
* Beatriz Miranda