El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Reducciones poblacionales para reducir emisiones

09 de agosto de 2014 - 10:00 p. m.

¿Recuerdan la explosión poblacional?

PUBLICIDAD

Cuando la población estaba creciendo a su paso más acelerado en las décadas posteriores a la II Guerra Mundial, la sensación de que la sobrepoblación estaba impidiendo el desarrollo económico y atizando la estabilidad política echó raíces de Nueva Delhi a las oficinas de Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, y los legisladores entraron en una urgente misión para detenerla.

En los años 70, el gobierno indio esterilizó por la fuerza a millones de mujeres. Familias en Bangladesh, Indonesia y otros países fueron obligadas a tener menos hijos. En 1974, la ONU organizó su primera Conferencia Mundial de Población para debatir el control poblacional. China puso en marcha su política de un solo hijo en 1980.

Tiempo después, casi tan repentinamente como había empezado, la “crisis” demográfica terminó. A medida que las tasas de fertilidad cayeron hasta cerca de la tasa de reemplazo de 2,1 niños por mujer —con excepción del África subsahariana—, especialistas en población y políticos volcaron su atención a otros temas.

Para 1994, cuando la ONU efectuó su última conferencia de población, en El Cairo, los objetivos demográficos habían sido abandonados en buena medida, reemplazados por una agenda centrada en darles poder a las mujeres, reducir la mortandad infantil e incrementar el acceso a la salud reproductiva.

Bien, las inquietudes con respecto a la población al parecer están volviendo de manera furtiva. A medida que la amenaza del cambio climático ha evolucionado de un vago concepto distante a uno de amenazas centrales a la existencia de la humanidad, académicos han anotado que la reducción de la quema de combustibles fósiles pudiera ser más fácil si hubiera menos de nosotros consumiéndolos.

Un artículo publicado en 2010 por investigadores de Estados Unidos, Alemania y Austria concluyó que si la población mundial alcanzara apenas 7.500 millones de personas para mediados del siglo, en vez de más de 9.000 millones, estaríamos emitiendo de 5.000 a 9.000 millones de toneladas menos de bióxido de carbono al aire en 2050.

Tan solo eso generaría de 16% a 29% de las reducciones de emisiones que hacen falta durante las próximas cuatro décadas para impedir que la temperatura mundial suba más de dos grados centígrados por encima de la temperatura de finales del siglo XIX, el umbral que científicos pronostican que pudiera conducir a severas alteraciones del clima.

Pese a todos los beneficios de un crecimiento poblacional más lento, las políticas de población siguen siendo un tema muy delicado.

En las décadas de los 70 y 80, el apoyo de naciones ricas al control poblacional en países pobres traslucía otra forma de colonialismo. Actualmente se considera ampliamente que el control poblacional de tipo coercitivo —como las esterilizaciones forzosas de India, que fueron abandonadas luego que llevaran al colapso del gobierno de Indira Gandhi en 1977, o la política china de un solo hijo, que sigue vigente— es una flagrante violación a los derechos humanos.

No ad for you

Incluso la política de un solo hijo en China está siendo sometida a un nuevo estudio en Beijing debido a lo disparejo del rango entre sexos del país —incontables embarazos han sido abortados y millones de niñas han sido sacrificadas o dejadas a morir por padres que habían esperado tener un varón— y la ruptura de la tradicional red de seguridad para muchísimos chinos de edad avanzada, obligados a depender de un hijo para mantenerse. Economistas en el Fondo Monetario Internacional incluso han dado la bienvenida al acelerado crecimiento de la población del África como una oportunidad para acelerar su ritmo de crecimiento económico.

El crecimiento poblacional es tan solo uno de los factores —y no necesariamente el de mayor importancia— que contribuye al cambio climático. A lo largo del siglo XX, las emisiones de bióxido de carbono crecieron 180% más rápidamente que la población en países pobres y 60% más rápidamente que la población en los ricos. El cambio de la economía mundial hacia fuentes de energía más sustentables y un retiro de los combustibles fósiles sigue siendo la estrategia más prometedora.

No ad for you

Sin embargo, hay formas de marcar una diferencia en el frente poblacional que no dependen de que gobiernos coercitivos se metan a las alcobas de la gente. El crucial es el acceso a la educación. A lo largo de la historia humana, las tasas de natalidad han caído cuando ha sido prudente en términos económicos que las familias tengan menos hijos. La educación —en particular de las niñas— ha desempeñado un papel poderoso en ese descenso.

A lo largo de buena parte del mundo en desarrollo, mujeres educadas tienen menos hijos y éstos tienen mayores probabilidades de sobrevivir. La proliferación de la educación pública fue acompañada de un marcado descenso en las tasas de fertilidad en lugares tan dispares como Brasil e Irán.

No ad for you

La otra herramienta es el acceso a la salud reproductiva. En el mundo en desarrollo, 222 millones de mujeres tienen una necesidad no cubierta de anticoncepción moderna. Dárselas, a un costo relativamente pequeño de US$ 4.000 millones anuales, podría prevenir 54 millones de embarazos no planeados.

Todas estas no son ideas nuevas. La conferencia de la ONU en El Cairo hace 20 años sugirió prácticamente este mismo enfoque. Sin embargo, aún no estamos ahí.

No ad for you

De cada 1.000 niños nacidos en la República Democrática del Congo, por ejemplo, mueren 99 antes de los cinco años de edad. En Nigeria, esa cifra asciende a 123. Un tercio de las niñas en Mali no están registradas en la educación primaria. Ni 60% de las niñas liberianas. En contraste, 95% de las niñas guatemaltecas están inscritas en una escuela primaria, al igual que 97% de las camboyanas. En Bangladesh y Bolivia, entre los países más pobres fuera de África, solo alrededor de 40 de cada 1.000 niños muere antes de alcanzar los cinco años de edad.

Durante la próxima sesión de la Asamblea General, la ONU planea sostener una reunión para marcar el aniversario de la conferencia de El Cairo. Además, está organizando otra para definir nuevos comités de mitigación del cambio climático. Quizás los delegados noten la conexión.

 

 

EDUARDO PORTER ** Columnista de The New York Times

 

Conoce más

Temas recomendados:

Onu

Ver todas las noticias