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Refugiados en el Líbano

23 de diciembre de 2014 - 06:25 p. m.

El Líbano se ha convertido en el principal receptor de refugiados del Medio Oriente desde que comenzó la guerra civil siria en 2011.

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Las cifras oficiales hablan de 1’333.834 refugiados, pero varias ONG y otros organismos humanitarios señalan que en los últimos tres años el país del cedro ha recibido por lo menos a dos millones de ellos.

El peso de los refugiados se ha convertido en un problema incontrolable para un país que posee tres millones y medio de habitantes y un territorio tan extenso como el departamento de Sucre. En los alrededores de Beirut, en las planicies de la Bekaa (una de las regiones fronterizas con Siria) y en la gobernación del norte hay decenas de campamentos improvisados que albergan a cientos de familias desplazadas. La atención al número creciente de refugiados ha creado una crisis en los sistemas de salud pública, distribución de agua potable y electricidad, que ya no dan abasto para atender a la población nacional y a los recién llegados: los médicos escasean en los hospitales y los cortes de agua y luz son cada vez más frecuentes.

A las dificultades sanitarias se suman las consecuencias del flujo poblacional para la estabilidad interna del Líbano. Desde hace varios meses, Trípoli es escenario de conflictos entre simpatizantes y opositores del gobierno de Bashar al-Assad que escapan al control de las autoridades locales. En la Bekaa, los ataques de los jihadistas sirios aumentan diariamente el número de soldados libaneses muertos y el descontento de sus familiares, que acusan al gobierno nacional de incompetencia y permisividad. En todo el país crece la percepción de que los refugiados son los responsables del aumento de los robos y de las tasas de criminalidad y los rumores sobre el apoyo secreto que muchos de ellos brindan al Estado Islámico van en aumento. Los refugiados fueron acogidos con muestras conmovedoras de apoyo y solidaridad, pero con el paso de los meses el sentimiento de rechazo hacia los recién llegados se ha incrementado.

En un encuentro reciente que reunió a representantes de 40 gobiernos y a varias organizaciones internacionales en Berlín, el primer ministro libanés, Tammam Salam, mencionó que su país se encuentra al tope de su capacidad de absorción y anunció que el Líbano cerró sus fronteras con Siria y que no acogerá a más refugiados. La decisión busca generar un clima de confianza en el país, pero para muchos se trata sólo de un gesto de retórica política: la frontera entre los dos países es una línea de aproximadamente 370 km que jamás ha sido trazada con suficiente claridad y que las fuerzas militares no se encuentran en capacidad de proteger.

Por ahora la única alternativa real para tratar el problema es la llegada de más ayuda internacional destinada tanto a los refugiados como a los libaneses, pues ningún otro país se ha ofrecido a abrir sus puertas para acoger a las víctimas de la guerra e imaginar un retorno al lugar de origen significaría la muerte. 

*Doctor en Historia de las relaciones internacionales de la Universidad de París.

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