El ser humano, alguna vez, se merecerá no votar. No tener ningún gobierno.
De momento, la democracia se basa en la estadística consultiva en períodos de cuatro años. En España, el sistema electoral proporcional ni siquiera iguala un hombre a un voto. Una cuestión que no nos importa, al parecer. O que no les importa a los dos grandes partidos, PP y PSOE. Como no les sonroja que los jueces y sus órganos de jefes sean nombrados “democráticamente” por ellos. Pero a PP y PSOE se les viene encima un momento social en donde van a tener que ceder en asuntos que no sólo no han querido ceder, sino que han alimentado para sustentarse en la alternancia de poder. Esa es la conclusión de las elecciones en Andalucía.
Como casi siempre, las lecturas de los resultados electorales son a la carta de cada cual. Pero lo que es evidente para todos es que no hay mayoría absoluta. No es nuevo, dirán. Ya, pero resulta que esta vez no hay mayoría absoluta, ni siquiera con la suma de dos partidos “viejos”, PSOE e IU (anterior gobierno). Esto es lo nuevo: que uno de dos grandes partidos, PSOE, por primera vez ha de tratar con dos partidos “nuevos” : Podemos o Ciudadanos. Alejados de la vieja forma tiranosáurica de hacer política. El PSOE desea gobernar en coalición con Ciudadanos (cuidado, un partido de derechas) y no con Podemos (partido de izquierdas) en una paradoja, cuando menos, ideológica.
Pero, en mi opinión, ni Podemos ni Ciudadanos van a participar en un gobierno de coalición. Ese es el asunto. Comienza en España, al fin, una forma de hacer política que consiste en pactar. Dialogar paso a paso y no euro a euro. Fin a cambiar un sillón de una Consejería o de un Ministerio a cambio de un contrato para toda la legislatura. No. Se acabó la forma de hacer política de la Transición. Se trata ahora de hacer política con mejor perfume democrático, de pactar tratado a tratado, ley a ley, paso a paso.
Ciudadanos y Podemos no van a entrar en el gobierno andaluz, entre otras cosas, porque nadie quiere enseñar sus cartas antes de las elecciones generales. Sería de escasa inteligencia política decirle al ciudadano que, tras las generales, me voy a aliar con tal o con cual. Es decir, decirles que soy un partido nuevo que va a hacer la misma política que los viejos. Nadie quiere perder su discurso de libertad política y, además, estanos ante partidos, uno a la derecha: Ciudadanos, y otro a la izquierda, Podemos, que coinciden en que esto tiene que cambiar. ¿Qué es lo que ha de cambiar? La misma forma de hacer política, la misma forma de hacer democracia, de la llamada Transición.
Millones de españoles conocen la dictadura de Franco por los libros. Millones de españoles han nacido deseando un discurso menos frentista y de trincheras de PP y PSOE, una forma de hacer política menos sucia, con manejo de titulares de pago, que, en el fondo, eran fórmulas admitidas por la ausencia de la vergüenza. Me explico: denunciar los casos de corrupción, de miles y miles de millones de euros con responsabilidad del PP y del PSOE, apenas tenía consecuencias en el electorado. España era el país de Monipodio, un Aracataca de selva tupida donde las raíces las cuidaba el mismo jardinero.
Creo que, en este mismo medio, afirmé que las encuestas oficiales pagadas por instituciones del gobierno de Rajoy eran inexactas. No manipuladas, porque no tengo prueba. Jamás Podemos tuvo la posibilidad de ser gobierno en Andalucía, jamás la tendrá de serlo en el Estado. Y dije que Ciudadanos estaba más arriba. Bien, Podemos, al que alguien señala de fracaso (pasar de cero a 15 diputados es un gran éxito), al igual que Ciudadanos, ya han aportado algo muy importante a esta democracia vieja de la vieja España de la Transición.
Fin de la partitocracia y regreso a la democracia real. Esperamos con ansia, más que las locales y autonómicas, las elecciones generales. Porque si de ellas sale un panorama político similar al andaluz, se ha puesto fin a la Transición Política. La que permite que los dos ministros del dinero en España vengan, uno, De Guindos, de Lemhan Brothers (la filantrópica agencia de conspiración informativa financiera causante de la debacle actual) y que otro, Montoro, que ha tenido una empresa vinculada a las concesiones de lo público en donde ya no está, pero está su íntimo. La que permite que el escándalo de los ERE en Andalucía no mande castigo electoral alguno al PSOE. Esto sólo puede suceder en el país de la eterna Transición llamada España actual.
La Transición fue una forma loable de echar la basura debajo de la alfombra; bueno para entonces. Un mal menor frente al franquismo de entonces. Un positivismo político frente a los tanques de los generales. Pero nadie se ha dedicado a limpiar, a ventilar posteriormente. Socialmente el español siguió creyendo y usando los modos del régimen anterior, el poder del poderoso, las influencias, el pesebrismo, la corrupción.
Los modos de un régimen de 40 años aún se mantiene en muchos asuntos sociales. Estas elecciones pueden ser el principio del fin de la Transición. Entendida esta como una forma partitocrática de hacer democracia. Cambiar sillones por pactos de legislatura es la peor de las políticas. Toca dialogar día a día. Convencer y no vencer. Argumentar sin comprar. Buscar la estabilidad, no en el mercado y el reparto del poder, sino en el de las ideas y los acuerdos. Consenso. Puede que, incluso, lleguemos a recuperar parte de la soberanía que compró el Banco Central de Alemania precio de saldo. Las demás conclusiones que escuchen cobre estas elecciones, en opinión humilde, serán mensajes de la Troika o de sus mayordomos en España.