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Tierradentro en su martirio:fue el inicio y que sea el fin

13 de diciembre de 2013 - 03:58 p. m.

Hace 48 años, exactamente en la madrugada del 17 de marzo de 1965, una columna armada al mando de Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda o Tirofijo, disparó una ráfaga cerrada de fusil contra un bus de transporte público en las cercanías de Inzá, provincia de Tierradentro, Cauca.

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 Dice Arturo Alape, historiador de Marulanda, que la ráfaga fue la respuesta a los disparos que en la oscuridad hizo, desde el bus, un agente de policía que viajaba a Popayán cuidado un preso.

El resultado de la acción fue la muerte instantánea de dos monjitas de la Madre Laura, del policía y de varios civiles que iban de pasajeros. Minutos más tarde a ellos se sumaron otros civiles indefensos, entre ellos el alcalde del municipio, quienes fueron asesinados a sangre fría por la columna en el camino al pueblo. En total fueron 17 las víctimas mortales.

El pueblo desconcertado fue reunido en la plaza para ser arengado por Marulanda. Según un testigo presencial de la ráfaga inicial y posteriores hechos, quiso mostrar “que estaba ahí para que nos diéramos cuenta de que él no era el hombre del que el gobierno decía que se comía a los niños, que él era un hombre común y corriente”. Pasado el discurso el grupo armado saqueó la Caja Agraria local y varios almacenes, para adentrarse luego en los páramos de la Cordillera Central. Sólo entonces las familias pudieron recoger los cadáveres y llorar su desventura.

“De cordillera a cordillera

de dolor a dolor

de fronda oscura a flauta luminosa

la tierra del olvido se levanta”.

Así inicia el poema A Tierradentro, en su martirio (1955) de la eminente poeta Matilde Espinosa, nacida en la provincia, que es regada por los ríos Páez y afluentes que bajan del Nevado del Huila y los páramos cercanos. Esos ríos habían sido cruzados a nado por la columna de Marulanda en su fatídica avanzada hacia Inzá. Según consenso generalizado esta acción marcó el inicio de la campaña militar de las Farc.

El historiador Alape informa que la toma de Inzá, como “una población más o menos importante”, fue planeada cuidadosamente desde Riochiquito para “demostrar a la opinión pública colombiana que la guerrilla marquetaliana no estaba derrotada” por las acciones represivas que en meses anteriores había sufrido por parte del Gobierno Nacional.

El resultado de muertes fue calificado de “tragedia que no ha debido suceder” por parte del ideólogo Jacobo Arenas, que iba en la columna. Fue para él (p. 35) una acción “que en vez de aprestigiarnos ante la opinión pública nos desprestigió pero bastante”. El reciente libro del Centro Nacional de Memoria Histórica sobre la trayectoria de las Farc, informa (p. 88), que en una conferencia interna Marulanda reconoció “el error” estratégico (no su implicación humanitaria) y concluyó así sobre sus consecuencias:

“Si alguien le mata [al pueblo] lo que él quiere y venera y además ese alguien es un movimiento revolucionario, la revolución va encontrar aquí el más grande obstáculo, porque ese pueblo no va a creer en la revolución y va a repudiar al jefe de la revolución que lo es nuestro Partido”.

Ciertamente, cualquiera que conozca a Tierradentro sabe que Marulanda tenía razón en esta apreciación, aunque haya que agregar que esa apreciación está llena de cinismo, porque bajo su mando “los errores” se repitieron, y ampliaron su contenido de barbarie a prácticas como las del secuestro y fusilamiento de civiles, el reclutamiento de niños y la siembra de minas quiebrapatas. Miles de pueblos y veredas han vivido por décadas lo que vivió Inzá en 1965 y con toda seguridad su gente reinscribe en la memoria la lección de Marulanda.

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¿El fin del periplo?

La tragedia de Inzá en 1965 se repite en diciembre de 2013, en la misma plaza y por los mismos responsables. Uno de los negociadores de las Farc, en La Habana, justificó el evento diciendo que “este hecho es una acción que hace parte de la confrontación que se desarrolla en nuestro país” y agregó que precisamente el objetivo de los diálogos de paz con el Gobierno es poner fin a esa confrontación.

¿Será que en Inzá amanece un día que cierra el periplo de barbarie y de errores estratégicos de las Farc, como amaneció allí otro que le dio el inicio? La poeta Matilde había anticipado:

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“Esta tierra tiene genealogía

desde las tierras calcinadas,

desde los puentes con mortaja,

desde el refugio en los peñascos,

desde el pasado con su bóveda,

los restos aborígenes atisban

en el alba la hora resurrecta”.

Tierradentro es una provincia conocida en el mundo por su agreste geografía. En su notable biodiversidad y belleza de paisajes alberga una población indígena importante, famosa por la resistencia a la dominación foránea. Poco a poco ha integrado en su demografía a inmigrantes mestizos y a campesinos locales que prefirieron, con todo el derecho que les reconoce la Constitución, no acentuar su anterior condición étnica indígena para forjar una provincia culturalmente diversa.

Muy famoso es Tierradentro en particular porque cerca al punto donde cayeron las monjitas, hay 78 bóvedas de una necrópolis prehispánica subterránea que fue incluida en la Lista del Patrimonio Mundial por la Unesco en 1995. Sus tumbas fueron talladas en la roca volcánica viva y son únicas en el planeta por sus características arquitectónicas, esculturales y pictóricas.

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Se llega allí por el Camino de Guanacas, ruta prehispánica que aprovecha una excepcional depresión de la Cordillera Central en el páramo del mismo nombre. Por ello fue escogida por Bolívar como paso obligado en la Campaña Libertadora.

La humilde carretera destapada por donde iba el bus ametrallado en 1965 sigue ese ancestral trazado. Hoy esa carretera, llamada La Transversal del Libertador, se pavimenta y amplía dentro de los planes gubernamentales de mejorar la infraestructura. Por allí llegó a la plaza de Inzá la camioneta cargada de cebollas que escondían los “tatucos” que causaron la tragedia de 2013.

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Entre esos dos eventos, el de 1965 y el de 2013, se enmarca “Tierradentro en su martirio”. Esperamos, como lo canta la poeta Matilde, que el cierre del periplo permita que esta “tierra del olvido” se levante. Con ella lo hará Colombia cuando los que optan por la guerra y barbarie como herramientas de política entiendan, por fin y sin cinismo, la lección de Marulanda.

 

Por: Elías Sevilla Casas*

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