Los balances son útiles para reconocer avances y corregir lo que se puede mejorar.
En 2014, Bogotá no pasó en blanco en movilidad, pero son más las deudas que los logros.
En el lado positivo podemos resaltar el avance del SITP, que ya mueve entre los buses zonales y Transmilenio el 70% de los viajes en transporte público, quedando un 30% pendiente. Si bien se esperaba que estuviera listo en abril pasado, las dificultades financieras de dos operadores (conformados por pequeños transportadores) y la falta de integración de las tarjetas de pago (por barreras legales) han demorado la consolidación de un proceso que Bogotá espera desde 1967: la eliminación de la guerra del centavo.
Es admirable la incorporación de vehículos de mejor tecnología (híbridos) en los corredores prioritarios de la carrera Séptima; un verdadero salto cualitativo. El subsidio a población pobre es un avance interesante para mejorar la accesibilidad de quien más lo necesita.
También son muy positivos los avances en movilidad ciclista. Aumenta el número de usuarios y se resalta el bonito programa de formación de ciudadanía “Al colegio en bici”. Falta consolidar la red de bicicarriles —hay 108 kilómetros licitados— y el sistema de bicicletas públicas, pendiente de contratación. Fue muy especial la celebración de los 40 años de la ciclovía dominical, uno de esos programas chéveres de Bogotá que hoy se replican en más de 400 ciudades.
Como regalo de fin de año la Secretaría de Movilidad anunció que a partir del 6 de enero ya no tendremos el contraflujo anacrónico —de una ciudad de hace 40 años y elitista por priorizar los viajes en carro sur-norte por encima de los viajes en transporte público norte-sur—. Buena decisión que tendrá las naturales protestas de la minoría.
Entre los lunares de 2014 está la caída en percepción de servicio del principal modo de transporte de los bogotanos. Transmilenio está demasiado ocupado en hora pico; al mismo tiempo, se llenó de colados y vendedores ambulantes. También aumentaron los reportes de atracos y de abusos a mujeres. Como si fuera poco, la urgente mejora de su infraestructura se quedó en veremos y ahora depende de un paquete financiero de la Nación. Descuidar Transmilenio fue un error, pero hay tiempo para enmendar la plana.
También fue incomprensible cómo la pavimentación de vías en las localidades no contempló mejoras en andenes, ignorando las prioridades de movilidad sostenible consignadas en el Plan de Desarrollo. Por cierto, la administración estuvo más atenta a mostrar huecos tapados que andenes recuperados.
La gran discusión y expectativa giró alrededor del metro. Nos sorprendió el alto costo relativo luego de la culminación de los diseños de ingeniería básica. Y se anunció como algo listo, a pesar de que aún le falta la estructuración financiera. Ésta se hará en siete meses para que la primera línea no tenga reversa. Si bien el metro será un componente importante, su costo e impacto merecen una revisión (que será parte de este proceso). Con la información disponible podríamos arrancar por el tramo sur-occidente-centro, de menores riesgos geotécnicos y mayor demanda.
Otras interesantes iniciativas que se pueden consolidar en 2015 son los trenes ligeros de cercanías y el reemplazo de flota y estaciones de las fases I y II de Transmilenio. Ambas han sido propuestas por privados por medio de asociaciones público-privadas y están pendientes de aprobaciones finales, así como el cable de Ciudad Bolívar y la troncal de la Av. Boyacá.
¡Feliz 2015! (Año de promesas electorales renovadas).
*Darío Hidalgo
* Exsubgerente de Transmilenio e investigador de Embarq.