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Un futuro aún mejor

05 de julio de 2014 - 08:01 p. m.

El gran fútbol que lució Colombia en Brasil no merece que, en la despedida, el debate final se centre aquí en el duro golpe de Camilo Zúñiga que sacó a Neymar del torneo.

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“Entrada criminal”, dice el exzaguero Marcio por la TV. “Fue peor que la mordida y debería recibir la misma sanción que Luis Suárez”, bramó Cléber, otro exselección brasileña. “Hubo intención de hacer daño”, sumó nada menos que Ronaldo. Y el inefable Galvao Bueno, eterno y muchas veces ridículo comentarista de la Globo, habló de “atentado contra el fútbol-arte”. Cuentan que Fred casi llora cuando se enteró que Neymar se despedía del Mundial. Claro, sin Neymar, Fred quedará más desnudo. Y el fútbol-arte, si lo había, también.

El fútbol-arte, sabemos, es una figura del Brasil tricampeón de México 70, una postal de cinco números 10 en un mismo equipo que será imposible de repetir. Ahora, la mayoría de los equipos ni siquiera alistan a un número 10. Eligen corredores. Más que fútbol-arte, hay fútbol-atletismo. “Ya no hay más artesanos en el mediocampo”, se lamentó hace unos días Tostao, en referencia crítica a la selección de Luiz Felipe Scolari. Pero que podría extenderse a muchos equipos más. Lo peor es que, más allá del debate sobre Zúñiga, la eliminación de Colombia, está claro, deja al Mundial sin la posibilidad más cercana que tenía la Copa de ver algo de aquel viejo fútbol-arte. Y nos deja, además, sin lo más cercano al número 10 clásico (Messi sigue perteneciendo a otro planeta) que tenía el Mundial. Por James, claro. Su desconsuelo tras la derrota fue compartido por millones. Lloraron muchos por identidad, por orgullo nacional. Y otros, simplemente, por el buen fútbol.

¿Qué Colombia debió haber sido más agresiva antes? Posiblemente. Un gol en contra tempranero siempre obliga a unos minutos de reacomodamiento. Y lo que se jugaba no era un partido más. Era seguramente el partido más importante en la historia de la selección colombiana. La posibilidad de un segundo Maracanazo, de eliminar al dueño de casa, al máximo ganador de Copas Mundiales. La tradición, había dicho Pékerman, no gana partidos. Es cierto. Pero ayuda a ganarlos, lo completó Tostao. Y así fue. Brasil, aún con Neymar bajo, jugó el primer tiempo ante Colombia sus mejores minutos del Mundial. Pero Colombia no renunció a su fútbol ni aún en el 0-2. La pelota buscó correr siempre más rápido que el jugador, vieja ley de aquel Brasil 70, hoy en desuso. Las estadísticas modernas miden quién corre más, no quién pasa mejor.

¿Qué era el peor Brasil de la historia? Llevo varios Mundiales escuchando esa frase. Era Brasil en su casa. Y era la Colombia que sí llegó más lejos en la historia. Una señal poderosa de que puede haber un futuro aún mejor.

 

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