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¿Un mundo sin la OPEP?

25 de octubre de 2014 - 10:00 p. m.

Este mes se cumpen 41 años del comienzo del embargo árabe del petróleo.

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 Los países que formaban parte de éste pertenecían, por supuesto, a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que se habían unido 13 años antes para fortalecer su capacidad de negociación con empresas internacionales del petróleo. El embargo dio origen a un desabasto generalizado en Estados Unidos, precios más altos del combustible y largas filas en las gasolineras. Para cuando terminó, el precio del petróleo había subido a US$12 por barril, respecto de US$3 que venía.

Quizás el nuevo orden que indicó el embargo reviste mayor importancia que los aumentos de precio en sí. El embargo “puso en marcha circunstancias geopolíticas que, con el tiempo, permitieron (a la OPEP) arrebatar el control de la producción mundial de petróleo y precios de las gigantescas empresas petroleras —abriendo una era de precios del crudo considerablemente más altos—”, como notaron Amy Myers Jaffe y Ed Morse en un artículo de la revista Foreign Policy, que fue publicado el año pasado, en el 40° aniversario.

Dos veces al año, ministros petroleros de la OPEP solían reunirse en Viena, donde fijaban la política petrolera: decidían ya fuere detener o aumentar la producción petrolera. Siempre había trampas entre miembros, pero solía haber suficiente disciplina en las filas para mantener los precios más o menos donde la OPEP los quería.

Ocurre que el título de ese artículo de Foreign Policy era: “El fin de la OPEP”. Jaffe y Morse son expertos en energía global; ella es la directora ejecutiva de Energía y Sustentabilidad en la Universidad de California, en Davis, y él es director global de investigación de productos y materia prima en Citigroup, y dicen que si EE.UU. juega bien sus cartas, el predominio de la OPEP sobre el mercado del petróleo podría haber terminado. Yo creo que ese día ya pudiera haber llegado.

“La OPEP no va a sobrevivir otros 50 años”, me dijo Morse. “Probablemente ni siquiera sobreviva otros 10. Se ha vuelto sumamente difícil para ellos forjar un acuerdo”. Cuando Morse y Jaffe escribieron su artículo el año pasado, el precio del petróleo rondaba por más de US$100 por barril. Actualmente, el precio por barril está entre US$80 y US$85. Ha registrado una caída de más de 25% desde junio. Hubo una época en que US$80 por barril habría sido más que satisfactorio para miembros de la OPEP. Pero esos días ya pasaron hace mucho tiempo. Las necesidades presupuestarias de Venezuela requieren que el país venda su petróleo a precios muy por arriba de US$100 por barril. La Primavera Árabe impulsó a diversos miembros de la OPEP —incluidos Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos— a subir el gasto del presupuesto para mantener en calma a sus propias poblaciones. Con base en el Fondo Monetario Internacional, Emiratos Árabes Unidos necesita un precio superior a US$80 para cubrir sus obligaciones presupuestarias. Eso es respecto de menos de US$25 por barril en 2008.

No hace mucho tiempo atrás, Venezuela solicitó una reunión de emergencia de la OPEP para discutir una reducción a la producción. Irán ha dicho que no hace falta una de ese tipo. En tanto, Arabia Saudita ha dejado en claro que le inquieta principalmente no perder participación del mercado, así que seguirá bombeando petróleo sin consideración a las necesidades de otros miembros de la OPEP. Esto no es exactamente la conducta de un cartel. La siguiente reunión de la OPEP está programada para finales de noviembre, pero hay pocas probabilidades de un acuerdo.

¿Y por qué se encuentra la OPEP repentinamente en un desorden de ese tipo? En términos sencillos, la oferta de petróleo es mayor que la demanda, y la OPEP ha perdido su capacidad de controlar la oferta. Parte de la razón es una desaceleración en la demanda global. La economía de China ha perdido velocidad, y lo mismo su voraz apetito por el petróleo. En el ínterin, Japón está recurriendo cada vez más al gas natural y la energía nuclear.

Sin embargo, una parte incluso mayor de la razón es que la revolución del esquisto en Norteamérica está cambiando por completo la dinámica de la oferta y la demanda. Desde 2008, destaca Bernard Weinstein, experto en energía por la Universidad Metodista del Sur, la producción en Estados Unidos ha subido 60%. Eso equivale a otros tres millones de barriles al día. En unos pocos años, pronostica Morse, Estados Unidos superará a Rusia y a Arabia Saudita y se convertirá en el mayor productor de petróleo del mundo.

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Lo que es más, con base en otro artículo que Morse escribió, este para la revista Foreign Affairs: “Los costos de encontrar y producir petróleo y gas en el esquisto y apretadas formaciones rocosas están bajando de manera constante y bajarán incluso más en los próximos años”. En otras palabras, la industria estadounidense de la energía bien pudiera ser capaz de soportar caídas de precios ulteriores con mayor facilidad que miembros de la OPEP.

Cuando hablé con Jaffe por teléfono, le pregunté si creía que la OPEP era una fuerza consumida. “Nunca puedes decir nunca jamás”, respondió, y después trazó unas cuantas situaciones hipotéticas de tipo funesto —en su mayoría girando en torno a yacimientos petrolíferos que eran bombardeados o atacados— que pudieran hacer que la oferta escaseara de nuevo. Pero, si no ocurre eso, este es un momento que hemos estado esperando durante largo tiempo. Gracias a la revolución del esquisto, la OPEP se ha convertido en un tigre de papel.

 

Joe Nocera *

  Columnista de ‘The New York Times’.

 

 

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