El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Pensándome desde la nación mestiza

06 de junio de 2020 - 12:27 p. m.

“No le pido al opresor

PUBLICIDAD

que me de la mano, le exijo que quite su pie

de mi cabeza”

Aimé Césaire

Por Lobadys Pérez*

Conmocionados, agitados e indignados hemos de encontrarnos con lo que ha acontecido recientemente en el país del dólar. Para el caso que propongo, fonética y semánticamente dólar y dolor no están tan separados como podría pensarse. Masón desde su origen, el dólar encarna los valores de superioridad de aquel credo basado en una supuesta diferencia racial. Sin duda, la rodilla en el cuello de Jorge Floyd y su dramática exclamación “I can’t breath” es la misma que utilizan los millares de migrantes frente a las férreas políticas xenófobas y racistas que defiende la supremacía blanca en el país del Tío Sam.

Pero no quiero agotar estas líneas hablando de una historia racista que parece lejana. Digo “parece” porque, aunque con sus particularidades históricas y culturales, en Colombia, ocultas en un sentido común, resultado de una supuesta democracia racial que deshistoriza, despolitiza y difumina la diferencia, parece que no sucediera nada. No obstante, si observamos de cerca, la “integración” de grupos e individuos sistemáticamente racializados, que se presupone a través del discurso del mestizaje o ya sea a través del multiculturalismo reciente, tiene por lo menos dos caras: una blanda, que hace referencia, casi de manera exclusiva, a ciertas prácticas y consumos culturales. Dura, porque no existen garantías políticas, económicas y sociales que amplíen el horizonte de posibilidades y le brinden autonomía en la realización de otros proyectos históricos. Con horizonte de posibilidades, me refiero concretamente: al acceso a educación, salud, vivienda y participación en política principalmente. Claramente, esto incluye la participación en la vida cultural, pero no sólo como oficiantes del entretenimiento de otros.

El racismo no existe, los negros son más racistas, hay otros problemas más importantes, siempre hablan de lo mismo, yo tengo amigos negros, si están así es por su culpa, son algunas de las frases que a su vez justifican comportamientos racistas. Con todo, productos de la cristalización que el proyecto de la nación mestiza colombiana ha naturalizado. Sin embargo, no dudo que la idea de mestizaje pueda ser utilizada por grupos afro para articular un discurso político con una finalidad emancipadora distinta.

En todo caso, ha de emplearse el concepto con prudencia y sin romanticismo. Por otra parte, aunque invención, la raza es capaz de crear afirmaciones y realidades que pueden ser asumidas como verdades, por ejemplo: el negro es perezoso. También puede crear esencialismo tales como: los negros llevan el baile en la sangre u otras como el negro es un oportunista. Ahora bien, no pretendo oponer la exclusión racial a otras formas de exclusión, por el contrario, creo que el asunto de la raza en nuestro país es transversal y aunque no de manera exclusiva, constitutivo a otras formas de exclusión, por ejemplo, clase y raza se encuentra estrechamente vinculadas, lo mismo que género y raza. Esto puede evidenciarse con mayor rigor en los territorios donde lo negro o lo indígena se encuentran en tensión con lo asumido como blanco, pero se manifiesta en términos generales en todo el territorio nacional.

Consecuentemente, pienso que una revolución debe convocar a todas las luchas pendientes, es por eso que celebro ver en las manifestaciones norteamericanas de la última semana a hombres y mujeres de todos los colores e identidades marchar juntos.

* Bailarín y coreógrafo

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias