La visita del presidente Barack Obama a su homólogo mexicano, Enrique Peña Nieto, tiene como principal finalidad redirigir las relaciones, que durante los años de gobierno de Felipe Calderón (2006-2012) estuvieron marcadas por el narcotráfico, las presiones migratorias y las tensiones fronterizas.
La relación entre ambos países, miembros del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), junto con Canadá, asciende a más de US$1.400 millones anuales y goza de excelente salud. Dadas las presiones y tensiones que comparten estos dos países, agudizadas por el impacto que el libre comercio ha llevado sobre la frontera, se necesitan nuevos compromisos de ambas partes. Mayor protección y compromiso con los derechos laborales, así como un mayor fortalecimiento institucional en seguridad jurídica, independencia judicial, transparencia y gobernabilidad.
Las transformaciones llevadas a cabo por Peña Nieto, unidas al clima favorable que presenta la reforma migratoria que se debate en Estados Unidos y en adición al propósito de la administración Obama de reorientar su política exterior concitando diálogo con actores relevantes del sistema internacional, pueden explicar el porqué de este encuentro. Una cita que, no obstante, dejará por fuera otras cuestiones como el tráfico de armas o la degradación ambiental.
En una América Latina cuya proyección y protagonismo en el escenario internacional es cada vez más relevante, y donde el regionalismo posliberal, erigido desde Unasur o Celac, evidencia la pérdida de relevancia de Estados Unidos en los espacios de concertación del hemisferio occidental, pone de manifiesto la importancia de consolidar las relaciones de vecindad de Washington con aquellos países sobre los que la capacidad de influjo sigue siendo relevante.
No es casualidad que la siguiente parada del presidente Obama sea Centroamérica; una región que presenta las mismas problemáticas, preocupaciones y dependencias y donde Obama debe abordar nuevas cuestiones que fortalezcan la cooperación y la relación con estos países.
Estados Unidos lleva tiempo sin entender la clave del cambio que ha tenido lugar en buena parte del continente latinoamericano, tal y como se pudo observar en la pasada Cumbre de las Américas, de tal manera que su imperativo en política exterior pasa por construir y consolidar escenarios de mayor proximidad con aquellos países que todavía siguen en la órbita de su influjo y donde México y América Central son, sin duda, su máxima expresión.
* Investigador de la Universidad
Complutense de Madrid (@Jeronimo_Rios