El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Una tímida reconciliación

26 de marzo de 2014 - 09:16 p. m.

El diálogo nacional en Venezuela llega como una fórmula para sacar al país de la peor crisis institucional desde que a comienzos de los noventa se produjeran dos intentos de golpes de Estado y Carlos Andrés Pérez fuera destituido.

PUBLICIDAD

Esta vez, por cuenta de la polarización en el seno de la oposición y del chavismo, la crisis tiene un agravante inédito: la violencia se ha convertido en la constante de las protestas.

Nada parece apaciguar los ánimos del Gobierno, que ha revivido la tesis de un golpe de Estado, ni las acciones de la oposición, que desde la Organización de Estados Americanos intenta torpemente minar la legitimidad regional de Nicolás Maduro. La apuesta de María Corina Machado por denunciar al régimen chavista desde un escenario como la OEA, puso de nuevo en aprietos a la organización y confirmó la imposibilidad para que ésta actúe en la crisis.

Panamá, por su parte, reafirma una política exterior errática, no obstante sostenida durante varios años, y que la mantendrá aislada del continente. La retórica beligerante del presidente Ricardo Martinelli no sólo demuestra el poco conocimiento del sistema interamericano, sino la hostilidad hacia aquellos regímenes de izquierda. Cuba aún no olvida que en 2005, la presidenta Mireya Moscoso indultó a cuatro cubanos acusados de terrorismo, entre los que se encontraba Luis Posada Carriles, responsable de la explosión de una aeronave de Cubana de Aviación en la que murieron 73 personas en octubre de 1976.

Un buen síntoma reside en que Nicolás Maduro haya reconocido la necesidad de dialogar con la oposición, y también lo ha sido que ésta muestre disposición a conversar con el régimen. No obstante, aún subsisten dos inamovibles. El Gobierno no estará dispuesto a aceptar ninguna concesión en el caso de Leopoldo López ni en el de María Corina Machado. Cuando Maduro habla de negociar, se refiere a un compromiso para disminuir la violencia, pero difícilmente se mostrará débil frente a las filas del chavismo que le exigen “mano dura” respecto de la oposición. Y, seguramente, la oposición no aceptará a Nicolás Maduro ni a Diosdado Cabello como presidente y cabeza del Legislativo.

La idea de un tercero que acompañe el diálogo puede facilitar la transparencia de los compromisos. Tanto Jimmy Carter como Luiz Inacio Lula Da Silva se han referido a la crisis con una patente inquietud. El acompañamiento de una figura de su talla sólo puede crear un ambiente de confianza para el diálogo, pero todo depende dirigencia política venezolana.

 

*Mauricio Jaramillo Jassir

Conoce más
Ver todas las noticias