Es un honor para la Unión Europea (UE), pero también una responsabilidad, participar en la XVI Cumbre de Premios Nobeles de Paz que se celebra la próxima semana en Colombia; y digo responsabilidad, porque la paz del continente europeo y de otras partes del mundo, como lo será la de Colombia, es una permanente construcción. Es un trabajo de todos los días, un esfuerzo que nos compromete a todos.
Por: Ana Paula Zacarias *
La paz no se logra de la noche a la mañana, y precisamente cuando el comité Nobel nos otorgó el Premio, lo hizo en reconocimiento al papel estabilizador desempeñado por la UE al transformar la mayor parte de Europa de un continente en guerra en un continente de paz. Ha sido un largo camino, con muchas dificultades, pero casi 70 años después estamos más que convencidos de que la paz ha sido nuestra mejor apuesta.
Para nadie es un secreto las heridas dejadas por una guerra, las muchas víctimas y los rencores que pueden prevalecer, pero preferir la paz es y será siempre la mejor opción. Nos invita a la reconciliación, fortalecer la democracia y luchar por el respeto de los derechos humanos en nuestro continente y en el mundo en general. De hecho, si bien el Nobel 2012 fue para la UE, este es un reconocimiento que nos compromete en nuestro rol de actor global por la paz en el mundo.
Ser un Nobel de Paz es tener ese compromiso que implica luchar por la reconciliación y la convivencia, por un futuro donde los padres no tengan que enterrar a sus hijos sino sembrar esperanzas en su educación y desarrollo humano. De hecho, con el dinero del premio, la UE decidió financiar proyectos de educación para niños que no tienen la oportunidad de poder crecer en un país en paz, siempre con la esperanza de cultivar un mejor futuro para las nuevas generaciones. Es una necesidad diaria de reinventarnos como seres humanos aceptando las diferencias de los otros para imaginar metas comunes en función del bienestar, del respeto y de una mejor calidad de vida, de ambientes propicios para crecer en medio de principios que nos permitan superar los conflictos de forma pacífica.
Esta próxima semana tenemos la oportunidad de ver las muchas experiencias de paz que han sido merecedoras del Premio Nobel, pero también sentir que el premio 2017 para el presidente Juan Manuel Santos y para todos los colombianos es ser parte de ese compromiso de cultivar desde el corazón la paz de un país que merece su segunda oportunidad sobre la tierra como reclamó García Márquez cuando recibió el Premio Nobel de Literatura.
Pero más allá, Colombia y los colombianos tienen que ser capaces de unirse y de transformar este, su proceso interno, en una luz de esperanza para el resto del mundo. Mostrarles a otros que “Sí se puede” encontrar soluciones negociadas para los conflictos.
La cumbre y los Nobeles de Paz son un reconocimiento a todos los que transformamos el sueño de paz en realidad, un espacio donde cada uno de nosotros cabemos, porque ciertamente la paz es también una actitud de vida y en la medida en que la promulguemos, todos somos entonces ganadores del Premio Nobel.
* Embajadora de la Unión Europea en Colombia