El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Violencia de mutua destrucción

02 de mayo de 2013 - 05:42 p. m.

La situación de violencia reciente en la Asamblea Nacional venezolana muestra la preocupante polarización que dicho país vive. A su vez, evidencia un oficialismo y una oposición que carecen de la estatura política que el momento requiere.

PUBLICIDAD

El gobierno de Maduro y líderes del oficialismo como Diosdado Cabello ignoran una oportunidad histórica para hacer trascender el chavismo a la muerte de su fundador. Cualquier muestra de generosidad política, luego del triunfo en las urnas, le hubiera otorgado a esta nueva faceta del chavismo una credibilidad interna e internacional que le urge. Negar cualquier interlocución con la oposición desconoce el principio de no confundir la democracia con la dictadura de la mayoría.

Por más que algunos vecinos sean aliados de Venezuela, difícilmente podrán justificar la violencia, por una razón simple: ni a Argentina, ni a Bolivia ni a Ecuador les conviene patrocinar dichos actos, cuando han sido víctimas del fenómeno y así lo han denunciado. Basta con revisar el boicoteo al proyecto constitucional boliviano y ecuatoriano o algunas manifestaciones violentas contra Cristina Fernández.

La oposición, por su parte, no ha dejado de cometer errores desde que se anunció el triunfo de Maduro. En lugar de denunciar las irregularidades en algunos puestos de votación, la Mesa de Unidad Democrática se apresuró a calificar la situación de fraude, sin pruebas para ello. Error de grueso calibre porque desnuda su falta de tino político mientras que cuenta con un mandato inédito, que se va desgastando en la medida en que internacionalmente ningún Estado da crédito a su versión.

Parecería que la oposición hubiese evocado el escenario de la Georgia de 2003 con la Revolución de las Rosas o la Ucrania de la Revolución Naranja en 2004. En ellas convergieron dos elementos para denunciar el fraude y que permitieron reversar comicios viciados. De un lado, pruebas contundentes para alterar los resultados, y de otro, una comunidad internacional (sobre todo Europa Occidental) dispuesta a apoyar tales denuncias. En Venezuela no aparece ninguno de los dos elementos, ni las pruebas, ni el apoyo regional. Si bien hubo irregularidades, éstas no implican fraude.

Con esta violencia el chavismo se desorienta y abandona, poco a poco, su estatus como principal fuerza política venezolana, al perder el control del Estado. En la otra orilla, la oposición desperdicia la oportunidad de poner en evidencia desde el legislativo las contradicciones de la revolución (error que ya había cometido en las elecciones de 2005, que boicoteó). Es una guerra de mutua destrucción.

*Mauricio Jaramillo Jassir

Conoce más
Ver todas las noticias