Es tan difícil luchar contra el lavado de activos, que después de 23 años de creada por el G-7 una comisión de expertos —el GAFI— para hacerlo, aún hoy no se ha encontrado una solución definitiva.
Para las entidades financieras y para cualquier hombre de negocios serio es muy fácil evitar el lavado de activos burdo: el cliente con cajas de efectivo, el delincuente reconocido que pretende realizar operaciones. Pero sólo los inexpertos –o los de las telenovelas– trabajan así. La gran mayoría de operaciones de lavado son realizadas por expertos en engañar.
Frente al lavado de activos sofisticado es poco lo que se puede hacer desde el punto de vista preventivo; por lo tanto, sólo queda como opción que mediante complejos y avanzados sistemas informáticos se detecten —a posteriori— operaciones sospechosas que, con alto nivel de error, pueden o no ser lavado.
El debate actual en Colombia se vigoriza por el caso de Interbolsa, los carruseles y carteles de la corrupción, las operaciones encubiertas de los EE.UU. y el rifirrafe entre la contralora y el director de la UIAF. Este tema requiere una mirada desapasionada y constructiva. Hay aspectos para profundizar, pero el meollo del asunto está en los roles y las responsabilidades de los actores del sistema.
En Colombia, varios sectores de la economía han sido llamados a colaborar en la prevención y detección. Pero éstas no están claras. Así como tampoco están claros los roles de las autoridades, no hay confianza entre las instituciones y no existe el concepto de lucha integral contra el lavado de activos.
Vivimos una tragicomedia en que se le reclama a la Contraloría que no hubiera investigado, a la Superintendencia que no hubiera descubierto el concierto para delinquir, a la UIAF que no hubiera evitado la corrupción, a la Bolsa que no hubiera supervisado y a los bancos que no hubieran puesto freno a las transacciones.
Prevenir es desplegar recursos razonables para que una situación no se presente. Retomando nuestro concepto de lavado burdo y lavado sofisticado, es claro que a los ciudadanos y a las empresas se les puede exigir que eviten el burdo, pero no el sofisticado; y pedir un esfuerzo, pero no resultados utópicos o heroicos. Hay argumentos prácticos que sustentan la imposibilidad de prevenir totalmente el lavado de activos: los particulares no tienen acceso a la información que permite conocer quién es delincuente, en este tipo de operaciones se utilizan personas sin antecedentes, los delincuentes modifican y varían sus métodos para no ser detectados y la base del lavado es el engaño.
Sólo podemos detectar el lavado de activos que previamente hemos visto. La herramienta conceptual que se utiliza para detectar es la señal de alerta. Existen alertas complejas, pero no hay otra forma de detectarlo que aprender de la experiencia, es decir, de los errores.
Para empezar a desenredar este desbarajuste y avanzar en esta lucha hay que comenzar por entender y aceptar las limitaciones del sistema, pero sobre todo por aclarar y cumplir los roles.
En Colombia la legislación es clara: Superintendencia supervisa, UIAF aporta información a las autoridades competentes y sector financiero colabora. La culpa de este enredo la tienen las mismas autoridades, pues no han sido claras en sus roles y en lugar de explicarlos y defenderlos, prefieren callar y apuntar el dedo hacia otro lado para señalar culpables. Yo no fui, fue él.
*Experto internacional en gestión del riesgo de lavado de activos.