El rey de Inglaterra llamó “subversivo” a George Washington; lo mismo hizo el rey de España con Simón Bolívar; igual cosa cometió el Libertador contra Agustín Agualongo; el mismo apelativo cargó Napoleón.
Ya en el siglo XX, Fidel fue llamado así por EEUU y por Batista; la oligarquía chilena también llamó así a Allende. El Diccionario de la Lengua Española dice: Subvertir es trastornar, resolver, derribar. Los “poderosos” de Colombia (llámense guerrillas, paramilitares, narcos, políticos, empresarios, iglesias y gobierno de turno) también están empeñados en subvertir el orden que quisiéramos los de abajo. Este asunto depende del prisma con que se miran las cosas. Los de abajo queremos subvertir el “orden” de los de arriba por vías pacíficas, cosa esta que no equivale a pasividad.
Félix Chicaíza Paz. Pasto.
De luto el periodismo nariñense
En Colombia la muerte violenta de periodistas, prácticamente, se ha convertido en una noticia casi normal, de rutina, sin mayor trascendencia. Pero en la sociedad colombiana siempre habrá un sector que siente dolor de patria por estos hechos y que le cuesta aceptar que un ciudadano dedicado a expresar su propia opinión y en su nombre la de muchos, desaparezca porque a otro sector no le conviene. Un día tendrá que cambiar ese panorama.
La muerte de dos periodistas nariñenses el pasado 5 de septiembre también nos llena de dolor, aunque las circunstancias sean diferentes a la violencia de siempre. Luis Bernardo Esparza Erazo y Gabriela Muñoz. Dos periodistas, dos generaciones, dos estilos, dos circunstancias de vida y de muerte.
El primero, formaba parte de esos hombres que se hicieron a cal y canto. Fundador y director del periódico El Pastuso, era el reflejo de su espíritu inquieto, luchador, irreverente. La luz y sombra de su circulación dependían del momento político y cultural. Pero siempre sus ediciones eran recibidas con especial simpatía. Su vida fue el recorrido de un ciudadano honesto, creó una familia numerosa y tradicional y se hizo a un nombre propio con esfuerzo en la sociedad. Al final, los quebrantos de salud propios de la tercera edad le hacen la última jugada y expira, a pesar de los esfuerzos médicos.
Gabrielita Muñoz era una representante de las nuevas generaciones de comunicadores sociales, formada en la Universidad. Dueña de una especial simpatía, por donde llegó a trabajar dejó el sello de su espíritu siempre dinámico y alegre. Su figura joven, espigada y de un rostro muy bonito, sucumbió a la tentación de la estética y ésta le propinó el golpe final, truncándose así una trayectoria profesional que se proyectaba para un recorrido largo y fecundo.
Paz en la tumba de estos dos periodistas que hoy forman parte del jardín de la eternidad. Y un abrazo fraterno y solidario para sus familias, extensivo al periodismo nariñense.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
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