La movilidad, que hace parte del programa de gobierno para una ciudad, es uno de los elementos más complejos porque está relacionada directamente con el nivel de calidad de vida de los habitantes.
Son sus componentes el peatón, la malla vial y los andenes, el transporte público y particular, la bicicleta, los medios de transporte para zonas altas y la semaforización. Para Bogotá, cada uno de estos elementos es un programa complejo.
Al grano: es necesario implementar un plan cíclico y monitoreado de repavimentación y mantenimiento vial, previendo el paso de nuevas cargas vehiculares en vías arterias y secundarias. Se deberá enfrentar, prioritariamente, el plan de reconstrucción de los carriles en la avenida Caracas y la Autopista Norte de Transmilenio. Igualmente, acometer las obras de estabilización de taludes de la av. de Circunvalación.
Imprescindible avanzar en la consolidación del Sistema Integrado de Transporte Público, definiéndole claramente al ciudadano el nuevo esquema tarifario. Hay que incrementar las campañas de divulgación e inducción que muestren sus innovaciones y bondades. Este proceso será fundamental y debe acometerse cuanto antes.
Para el desarrollo de la primera línea del metro, agilizar la negociación y ejecución de los estudios de ingeniería básica avanzada para el trazado del Portal de Américas hasta la calle 127. Esta fase conducirá a la futura contratación de obras del sistema. Dicha evaluación deberá arrojar resultados para la inserción del tranvía tren por la carrera Séptima, proveniente de Zipaquirá.
El escenario Bogotá Región demanda una fluida coordinación con Cundinamarca en temas como la regulación del crecimiento ordenado del territorio y su impacto ambiental. Una integración armónica entre los transportes colectivos de la sabana y el tren tranvía, que pasará por los corredores férreos existentes, favorecerá a Bogotá y al departamento. Por tanto, se hace prioritaria la creación de una empresa férrea regional que garantice el nuevo esquema de movilidad según lo dispone el Gobierno.
Derivados de estos tres grandes conceptos: infraestructura, operación y coordinación de los diferentes sistemas de movilidad, la nueva administración deberá encarar un arduo trabajo, como es la modernización de los semáforos de Bogotá. Debe concentrar sus mejores esfuerzos en implantar una red moderna, de protocolo abierto, que ayude a racionalizar el caótico tráfico diario.
Se impone una gran estrategia para asumir el reto de mejorar las condiciones de movilidad. Los trancones no desaparecerán, porque la desproporción entre el crecimiento de las vías y el automóvil será permanente. En cambio, como ayuda a los diarios desplazamientos, es necesario incrementar el uso de la bicicleta, a través del programa BiciBog, destinando zonas especiales para su ubicación, interconectadas con Transmilenio, e implementando un programa de mejoramiento de las ciclorrutas.
Tenemos que aprender de Medellín con su metro, sus integración al transporte colectivo, el futuro tranvía, los Metrocables, el Metroplús y, por si fuera poco, las escaleras eléctricas. Querer es poder, y todo deberá realizarse en beneficio de las comunidades necesitadas de Bogotá.
Fernando Rey, decano de la facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Santo Tomás.