Con mucha sorpresa y casi con indignación leí en El Espectador del miércoles 17 de agosto en el artículo “Una bala al corazón del destino”, la siguiente afirmación, según dice el diario, de una autoridad de Bogotá. Al hablar de la persona que disparó, dice textualmente la frase “…se puede decir que es un ciudadano de bien”. Me pregunto:
1º ¿Puede “un ciudadano de bien” pasearse por las calles de Bogotá, en una soleada tarde de domingo, con un arma tan poderosa y sin salvoconducto?
2º ¿Puede “un ciudadano de bien” desenfundar su arma y apuntar para matar a una persona por una sospecha?
3° ¿Puede “un ciudadano de bien” salir huyendo y abandonar a un moribundo?
Quiero también hacer una crítica al título del artículo “Una bala al corazón del destino”. Sugiere la frase que era “el destino”. Parece tratar de “mentalizar” al lector sobre el concepto vulgar de “que era el destino” y nada sugiere sobre las verdaderas causas de la situación de inseguridad que se vive en el país, de las cuales la primera es la preocupación por la guerra y el abandono de la política social .
Jesús Torres. Bogotá.
Inseguridad
Con base en los hechos de inseguridad urbana, hoy en día se puede afirmar que con la falta de seguridad en las principales ciudades del país y sobre todo en la capital colombiana, lo que se percibe es que de verdad existe la seguridad democrática, pero se carece de seguridad ciudadana. El fenómeno de la inseguridad crece al ritmo del aumento de los desarraigados que ingresan todos los días a Bogotá y a las principales ciudades colombianas.
Jorge Giraldo Acevedo. Santa Marta.
Desempleo
El agravamiento de la crisis del desempleo es en parte responsabilidad de las medidas del Banco de la República, al incrementar las tasas de interés.
Pero el Gobierno no puede sacar el cuerpo, ya que el excesivo gasto público, para mantener la campaña de la reeleción, contribuye a la revaluación y al incremento de la inflación. Claro que el Presidente se adelantó a evadir su responsabilidad, criticando al Emisor para encontrar a otros culpables.
Juan Manuel Sierra S. Bogotá.
Infraestructura
En marzo del presente año un noticiero de televisión denunció el caso de unos niños del municipio de Ortega, Tolima, que tenían que atravesar un caudaloso río para poder ir a estudiar a su pequeña escuela. El ministro Andrés Uriel Gallego les prometió puente; de eso hace casi cinco meses, pero la construcción del puente aún no comienza, y los niños siguen arriesgando sus vidas sin que a nadie parezca importarle su suerte. La tan cacareada seguridad democrática uribista debería incluir en sus presupuestos más puentes que balas, fusiles y premios para falsos positivos.
Mario De Castro. Bogotá.
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