Hace algunos días, María Teresa Herrán, en su columna ‘Escarbando’, cuestionaba la utilidad de la marca país Colombia es Pasión. Si bien es cierto que reconocía el buen desarrollo de la marca y su impacto en el patriotismo de los colombianos, discutía sus logros en materia internacional y se preguntaba si motivaba a no delinquir y asesinar, si luchaba en contra de las inundaciones o si servía para construir más carreteras.
Como un ciudadano del común entiendo que esta marca está frente a un sustento de competitividad, de una cuestión de mercadeo territorial. No es Colombia es Pasión quien tiene que construir carreteras, ni quien tiene que impedir que se cometan delitos. A una marca país no le compete suplir las responsabilidades de un sistema de entes y carteras estatales.
Cuando en la revista Foreign Policy me encuentro con un artículo donde ponen a Colombia como un ejemplo de cambio e invitan a un país como Irak a trabajar de la misma manera, me queda imposible como colombiano cuestionar el trabajo tan valioso de esta iniciativa. “Cómo pasar de un país sumido en el conflicto a un paraíso turístico”, era el título del texto que mencionaba cómo Colombia afortunadamente entendió la importancia de mejorar su imagen, reconocer sus fortalezas y debilidades y potencializar lo que más le convenía.
Cuando veo en los noticieros la llegada de tres cruceros diarios a Cartagena, cuando escucho en la radio que la Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo con más de 5.000 asistentes internacionales se hará en Medellín, y cuando en el día a día veo el impacto de la inversión extranjera, sólo puedo felicitar esta estrategia que sin duda alguna únicamente logra beneficios para todos los colombianos.
Adelaida Fernández. Manizales.
American way of (baby) life
Quiero referirme al artículo de la sección Vivir (El Espectador, miércoles 4 de marzo, p. 18) titulado “Clínica ofrece bebés a la carta”. El problema, según el neofascista Steinberg, director del Fertility Institute de Los Ángeles, no es de carácter moral sino de carácter “cosmético”. La noticia me impresionó y fui a buscar más datos al respecto. Encontré una entrevista con Steinberg, en el periódico ABC de España en su edición del miércoles. Observen lo que dice: “Yo vivo en Los Ángeles y aquí todo el mundo quiere tener la nariz perfecta y los pómulos altos y están encantados de pagar por hacerse la cirugía estética”. Y lo llamo neofascista porque en el fondo lo que plantea este doctor y esta clínica es “librarse” de los colores oscuros (molestos) y de los rasgos toscos y burdos (antiestéticos) para así alcanzar de una vez por todas el “american way of life”: una sociedad blanca y homogénea en su genética.
¿Qué pensará el actual presidente de Estados Unidos? Valdría la pena escuchar algún pronunciamiento de su parte. El artículo de ABC agrega que “Steinberg sigue adelante, con el argumento de que todo lo que se puede hacer se acaba haciendo, entonces, ¿por qué van ellos a quedarse atrás? Sobre todo cuando por cada proceso de selección cobran 18.000 dólares (14.329 euros). El servicio se ofrece desde diciembre, pero hasta ayer no trascendió que alguien ya lo haya comprado. El primer nacimiento está programado para 2010”. ¿Será que no es éste un problema moral? Me pregunto si los resultados del sondeo publicados en El Espectador del mismo día, donde un 73% de los participantes dijo estar en contra de “los bebés a la carta”, representan una oposición moral al tema o simplemente la ausencia del dinero suficiente para hacer parte del club del “hommo angelus novo steinberg”. ¡Cosmetólogos del mundo, uníos!
Benjamín Aguirre. Armenia.
Periscopio Político
Los felicito por volver a la muy leída sección ‘El Periscopio Político’ de Carlos Murcia, como faro del acontecer diario de los líderes públicos de este país.
Decisión muy acertada, y que sea la nueva generación de Murcia la que la firme, le da más credibilidad.
Todavía es motivo de comentario la ‘gabinetología’ de Carlos Murcia en El Espectador. Mejor dicho: todavía vive esa generación que creció con ‘El Periscopio Político’.
Juan Martínez R. Bogotá.
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