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Columnas que liberan

26 de noviembre de 2008 - 09:10 p. m.

Por estos días, de tan malas y tan frecuentes noticias, en los que por fuerza de los hechos los diarios y noticieros se han vuelto DMGtematicos, ayuda mucho, al menos como escapismo de la realidad, las columnas de opinión o de imaginación que se publican en los bordes del periódico, en las distintas secciones en cada edición.

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Soy frecuente explorador de ellas, siempre encuentro magníficas notas, pero quiero felicitar al autor de la publicada en El Caminante, Fernando Araújo, quien siempre escribe cortos y extraordinarios cuentos reales, como el de última ocasión, que trata de la edad de la moneda, ¿o de la señora? Realmente extraordinario. Termina el escapismo y voy a los temas editoriales centrales que nuevamente nos devuelven al caos que vivimos.

Javier Hernando Aguillón.  Bogotá.

Pirámides e iglesias

Me permito solicitar espacio para hacerle la siguiente aclaración a la carta de doña Mónica P. Carranza M. de Bogotá que titula “Captación e iglesias”, publicada en la parte inferior de la página 21 de la edición del 26 de noviembre de 2008. La lectora se refiere a las iglesias cristianas como “captadoras de dineros” y da cifras de miles de millones de pesos, que no declaran ni pagan impuestos y tampoco llevan contabilidad. Acusación falsa, pues ignora la lectora que las iglesias cristianas debidamente constituidas ante el Gobierno de Colombia están amparadas por el artículo 19 de la Constitución Política de Colombia y con fundamento en éste el Gobierno mediante la Ley 133 del 23 de mayo de 1994 decretó el derecho de libertad religiosa, reglamentado por otros decretos. Además, el Ministerio del Interior y de Justicia le expidió la Personería Jurídica Especial, previo estudio de sus estatutos y reglamento interno. Sería bueno que la lectora ante la flagrante acusación les aclarara a las autoridades cuáles congregaciones están captando miles de millones de pesos, como ella lo publica. Le sugiero que se asesore de abogados para que le muestren toda la compilación legal sobre la “Libertad religiosa y de cultos en Colombia”. ¿Por qué tanto odio de la lectora hacia las congregaciones cristianas? ¿En qué la han afectado? No me aparto de que algunos dirigentes sean indelicados. Ese es otro punto. Pero ella debe denunciar con nombre propio dónde están captando ilegalmente dineros de los creyentes.

José A. Niño.  Bogotá.

Ecopetrol y DMG no son comparables

Por estos días oímos y leemos cosas provenientes de ciertas “autoridades”. Entre las más bochornosas se destaca la que equipara sin vergüenza alguna a los inversionistas en acciones de bolsa con los jugadores de azar en DMG.

Valdría la pena hacer algunas aclaraciones al respecto. Esa comparación confunde un mercado con reglas simétricas como es el de las acciones de empresas conocidas mundialmente, con un mercado de reglas desconocidas propias del comercio legalizado de prepagos en efectivo a “empresarios” desconocidos. El primer mercado capta dineros del público de manera abierta y legal, permitiendo que, por ejemplo, cada comprador de Ecopetrol se hiciera partícipe proporcional de la propiedad de un patrimonio respaldado en la explotación, refinación y comercialización de petróleo. Ello hizo que el accionista de Ecopetrol, por ejemplo, posea  una referencia pública permanente tanto del movimiento del precio en bolsa como del precio del petróleo en el mundo de modo que aun a los precios actuales de acciones y petróleo, el más pobre accionista de Ecopetrol puede ir mañana a vender legal y abiertamente sus títulos y recibirá más dinero del que invirtió. El tarjetahabiente de DMG igual ofreció dineros de manera abierta y legal (izada por la omisión estatal), pero no tuvo información confiable sobre el movimiento de sus réditos (aunque ahora sabemos que se movían en Lamborghinis y Jaguars debajo de las posaderas de Murcia). No extraña entonces que así como en algunos meses ese depósito generó altas remuneraciones, también en pocos meses dejó de producir porcentaje alguno quedando ese dinero convertido en polvo. En comparación con los accionistas de Ecopetrol, los DMG grandes y pequeños no pueden hacer algo con sus tarjetas distinto a marchar por las calles echándole “abajos” al Gobierno.

Se oye decir también a voces “autorizadas” que Ecopetrol duplicó la inversión de los ahorristas entre 2007 y 2008 tanto como lo hizo DMG en pocos meses, como si lo primero fuera un pecado de Ecopetrol y lo segundo una virtud de DMG. Esas “autoridades” ignoran, de una parte, que la duplicación de Ecopetrol se ha estabilizado hoy más o menos en el 66% nominal anual (5,5% mensual mucho mayor que el bancario) y que esos ahorradores siguen respaldados no sólo por sus títulos valores, sino por las tendencias del precio del petróleo en el mediano plazo, a sabiendas todos de que estaban invirtiendo para el mediano plazo. Los DMG no poseyeron alguna vez título que tuviera valor alguno distinto de lo que les producía hacer cola en sombríos lugares, lo que explica que hoy cada tarjeta valga el cociente que resulte de dividir la plata que los “empresarios” hayan dejado por ahí tirada, entre el número de soñadores que entreguen las tarjetas a la administración de un Estado improvidente. Es más, a todos estos DMG les prometió rendimientos de cientos por cientos en pocos meses, mensaje que nunca se oyó ni oirá desde cualquier Ecopetrol en el mundo incluidas todas las bolsas de valores que estas “autoridades” mencionan también hoy, sin vergüenza alguna, como similares a las pirámides de La Hormiga… ¡Válgame Dios Sancho!

Bernardo Congote. Bogotá.

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