Eduardo Bechara, en su blog sobre libros, lanza la siguiente pregunta: “Colombia, ¿un país de lectores?”. Su análisis se concentra en estudiar el mercado de la edición y la distribución del libro en Colombia, llegando a la conclusión de que los colombianos no leen porque los libros son muy costosos.
Para Bechara el problema es que el negocio de los libros es… un negocio, y nos dice: “La literatura dejó de estar en manos de intelectuales, literatos y puristas de la lengua y pasó a estar en manos de comerciantes a quienes lo único que les importa son los números”. Verdad a medias, diría yo. Es cierto que los libros, en especial los buenos, son caros, y que no hay una masificación de la edición en bolsillo, pero hay que ir mucho más allá con esa pregunta de por qué no leemos, o qué entendemos por leer.
Quisiera apoyarme en algunas ideas del escritor francés Philippe Sollers (uno de los “mitos vivientes” del Nouveau Roman) sobre la lectura y así problematizar la pregunta de qué es leer. Según Sollers, “el que sabe leer (es decir, memorizar, comprender, leer en voz alta, mantener una postura crítica con sus lecturas) se ha convertido en una rareza” (último número del Magazine Littéraire).
Leer, diría yo, es más que un hábito que se adquiere de una vez y para siempre. Leer no es cuestión sólo de “tener” libros en la casa, sabiendo que muchos de ellos, como decía Borges, nunca leeremos. En días pasados otro “bloguero”, en la sección de cartas al lector de El Espectador, un señor llamado Diego Bonilla insistía en ver la situación del libro ligada a las librerías (nuevas y usadas) y a las bibliotecas por igual. Estudiar el problema geográficamente, mirando más al sur y al oeste de Bogotá. La lectura, según yo lo veo, no está atada necesariamente a la “capacidad de compra” de un cliente, sino al deseo de aprender y disfrutar. En ese sentido, Libro al viento y las nuevas bibliotecas prestan un gran servicio. Antes que comprar libros, deberíamos preguntarnos qué tipo de relación tenemos con la lectura, a la manera de Sollers.
Por otra parte, después de leer el blog de Bechara (http://www.eduardo becharanavratilova.blogspot.com/), fui a ver en el nuevo Teatro Metro (antiguo teatro Teusaquillo) el documental de Guy Debord, La sociedad del espectáculo y me impactó su crítica al consumo cultural, a la idea de ver los libros sólo como una mercancía más. Dejo estas palabras de Debord para el debate: “El espectáculo es una permanente guerra del opio dirigida a la identificación de los bienes con las mercancías y de la satisfacción con la subsistencia ampliada según sus propios dictados”.
Édgar Pinto. Bogotá.
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