La “silla vacía” es otro absurdo de los opositores, que va en contra, no de Uribe, ni de los congresistas sino de la justicia, de la verdad, y por lo tanto del país.
Es quitar de un plumazo la presunción de inocencia, que es la regla primera en todo código de derechos humanos. Porque los “Pitirri", como los llama un excelente periodista, por venganza, por mentir, por intereses creados, por su propio individualismo y hasta por su mitomanía, acusan a quien les parece, ¿ya se llega al escenario de la pérdida de la silla en el Congreso? Estamos pensando como alguien lo dijo, que Colombia está enferma, está enferma de injusticia, de irracionalidad, de odio, de ganas de ver hundir al otro, y este nuevo terrorismo, revestido de justicia, puede ser mas fatal que cualquier otro, y terminará hasta en un baño de sangre, porque las cosas no pueden durar, tan torcidas, y buscarán caminos, a veces terribles, equivocados, para hacerlas volver a su cauce.
Luz Vélez Vélez Bogotá
‘Tirofijo’ y la Violencia
Con respecto a la muerte de alias Tirofijo y el editorial que ustedes hicieron sobre el mismo, es bueno constatar que en ningún momento se le explica a la opinión pública las razones que llevaron a que Marulanda se alzara en armas. Cierto es que su ejército, las Farc, degeneró en lo que ustedes describen como una serie de violaciones a los derechos humanos; pero también lo es que en sus inicios, en la época de la llamada Violencia con “V” mayúscula, Marulanda como tantos otros campesinos del país de los años cincuenta, se vio obligado a huir y a defender su vida de las persecuciones de “pájaros” y “chulavitas” que llegaron a ocasionar una de las peores persecuciones de la historia moderna del país. Es más, nada de lo que ocurre hoy puede comprenderse si no es en referencia a esa serie de asesinatos y violaciones protagonizados por las huestes conservadoras. En aras entonces de la claridad, bueno sería que se contextualizara al personaje. Lo que no quiere decir, bueno es precisar, que se le esté reivindicando como ejemplo de alguna cosa en concreto.
Samuel Antonio Ojeda Barranquilla
Preocupa Suba
Excelente, aunque preocupante, la crónica realizada por uno de sus redactores acerca de la violencia en la localidad de Suba. Como residente del sector, deseo que no se estigmatice a la población que habita la localidad pero también deseo que la ciudadanía conozca a fondo un problema que es grave y que amenaza con convertirse en una verdadera tragedia. Las medidas adelantadas hasta el momento, aunque útiles, no son suficientes. Habría que continuar con el tema en cuanto foro ciudadano lo permita. Los bogotanos deben conocer la complicada situación que las noches le representan a todo el que desea caminar o simplemente deambular por el sector. Pero reitero que los medios tienen una responsabilidad alta en la forma como presentan la noticia. Crónicas como la mencionada ayudan a que la sociedad se informe sin caer en generalizaciones como las que, por poner un ejemplo, se le han impuesto a la localidad de Ciudad Bolívar.
Alexis Torres Bogotá
Carimagua y el Ministro
Muy oportuna la columna de Cecilia López sobre el predio de Carimagua que el ministro de Agricultura, Andrés Arías, ha querido manejar como si de su propia hacienda se tratara. ¿Hasta cuándo tendrán que soportar las víctimas del conflicto la forma errática con la que el Gobierno intenta repararles? Si lo dicho por Cecilia López es verídico, el Ministro debería ofrecer unas disculpas públicas por tan inapropiado error. De hecho, en cualquier otro país su renuncia ya estaría sobre la mesa. Pero como ahora resulta que todos los ministros son a la vez candidatos presidenciales, de aquello nada. Muy mal entonces por el Ministro que pierde credibilidad, si es que tal cosa es posible, y muy bien por la columnista que nos ofrece un buen análisis de lo sucedido.
José Piñeros Bogotá
Coelho y su alquimia
Preocupa que en los supermercados bogotanos, y quién sabe si en los del resto del país, las personas adquieren los libros de Pablo Coelho al tiempo que compran sus productos de consumo cotidiano. Empacados en bolsas, junto a los otros recetarios para la felicidad (galleticas, jugos, pilas y estrategias de mercadeo para ser mejores jefes y encontrar quesos que otros se comieron), la única lectura que llega a la mayoría de hogares colombianos es entonces la que se basa en una serie de señales cuasidivinas que habría que seguir para salir de la angustia que produce el saberse en un país plagado por corrupción, pobreza y violencia. Y entre tanto, el “maestro” escriba y escriba, convertido en una auténtica fábrica de novelones a media marcha entre lo oriental y la literatura de superación. Como buen ciudadano que soy, respeto entonces los gustos de las personas y de ustedes mismos que publican una columna de Coelho, pero advierto sobre lo extraño que resulta la llegada del libro al supermercado.
Alejandra Pizarro Bogotá