A propósito de la encuesta revelada por el DANE sobre cultura política (de) en los colombianos quisiera complementar algunas ideas expuestas por el editorial del jueves.
Más allá del debate, que también sería necesario y pertinente, sobre los alcances y métodos que se utilizan para indagar por la democracia (la muestra, el tipo de preguntas que se formulan, etc), quiero compartir algunas (breves) reflexiones sobre los resultados de la encuesta.
Partamos de sus objetivos: “determinar el nivel de apoyo de los colombianos a la democracia…conocer las motivaciones que determinan la participación política y la abstención electoral en el país”. Desde el principio, podríamos preguntarnos bajo qué supuestos se habla de democracia. Si tomamos un singular acercamiento hecho por el filósofo francés Jacques Derrida en su libro Canallas, la democracia se define más por lo negativo que por lo positivo. En otras palabras, la democracia es lo que no es una dictadura, una monarquía, un totalitarismo, etc. La democracia, como se percibe también en la encuesta, puede ser vista por los ciudadanos más como un “mal menor”, o como “el menos malo” de los regímenes políticos, antes que como un “deseo”. Para Derrida, la democracia es más querida cuando no existe.
Pasemos ahora a los resultados del estudio, donde se puede observar hasta qué punto los colombianos siguen siendo profundamente conservadores y apegados a los valores tradicionales. Frente a la pregunta, ¿Cuáles son las causas de la simpatía con los partidos políticos? Luego de que sólo un 31,78% afirmó ser simpatizante de algún partido, encontramos que, dentro de ese grupo, un 34,15% dice ser simpatizante por “tradición familiar”. Muchos colombianos se hacen simpatizantes de un partido político, como se hacen hinchas de un equipo de fútbol o miembros de un culto religioso, en buena medida, por “tradición familiar”.
A la pregunta de con qué asocia usted la democracia, paradójicamente un 18,84% de los encuestados responde: libertad, pero sólo un 1,43% responde: igualdad. No deja de ser significativo, a pesar de todo, que la mayoría de encuestados señalen que lo que más asocian con la democracia es la libertad. Faltaría saber qué estamos entendiendo actualmente por “libertad”. Para ello no sería suficiente leer sólo clásicos como La libertad de los antiguos y los modernos, de Benjamín Constant, sino también profundizar en lo que hoy suele asociarse con “libertad” (no sólo las libertades más conocidas, como la libertad de expresión, de asociación, de desarrollo de la personalidad) en un plano micropolítico. Preguntarse por la libertad en los espacios más permeables (permeados) por los “fascismos cotidianos”, como puede ser la escuela, el trabajo, la familia o el barrio.
Saludamos entonces que se desarrollen acercamientos a la cultura política, así sea de una forma exclusivamente cuantitativa. Valdría la pena, eso sí, poder llevar a cabo investigaciones cualitativas, y además, estudios de caso que nos muestren cómo se vive la democracia en la cotidianidad, y por fuera de lo “institucional”. La democracia, por otra parte, conviene no olvidarlo, no se agota en la relación con el Estado y/o los partidos políticos. Se requiere captar también la fuerza y el devenir de organizaciones de la sociedad civil (movimientos sociales, organizaciones campesinas, indígenas, negras, LGBT, etc) que plantean diálogos distintos con la sociedad, que nos interpelan, y nos señalan caminos distintos al hiper-presidencialismo y el parlamentarismo más “picotesco”. Se me podrá decir que es un poco excesivo el término (picotesco), pues como dirían los caricaturistas de El Espectador, no todos los parapolíticos están en la cárcel “La Picota”…algunos también están en otras cárceles.
Pedro Escudriñez Bogotá
Despertar
Celebro con inusitada complacencia el despertar del periódico, como diario, pues ya el silencio en ese sentido era prolongado. Es una oportuna decisión de importancia al derecho de información de los colombianos, que podamos contar con otra tribuna periodística, con otra visión y otro enfoque de la noticia y de la información, sin las ataduras del arrodillamiento, de parcialidad y de ocultamiento de las decisiones de los grandes grupos económicos y del poder del gobierno, que afectan a la sociedad. Nuevamente, con muy pocas excepciones, gozaremos los colombianos de la pluma virtuosa, analítica, confiable y de interés filosófico político, social y literaria de periodistas, escritores y columnistas, que otrora resonaron con impacto vibrante de su escritura, sin los candelabros del incienso al poder imperante y hoy nuevamente vuelven con su pluma de oro, con otros del mismo caletre, a llenar los espacios de las pródigas páginas de este diario. Ojalá las banderas del maestro inmolado, las directrices rectas, morales y de estirpe del mensaje aunado en las frontales de la verdad, la imparcialidad y el respeto por la verdad se sigan acicalando en las páginas interiores del diario, para que encontremos un periodismo responsable, serio, inclaudicable al poder y sólo demandando los parabienes de la democracia y del respeto a la verdad y del sentido de informar sin pliegues y sin ataduras.
Lo anterior, no obsta para que el periódico vuelva a colocar la pizarra o el tablero, del inolvidable Director inmolado o del tablero de Gabo, para que se eviten titulares de errores gramaticales, tan notorios, como el término “exhuberante”, que se colocó en titular a cuatro columnas, el día lunes 19 de mayo, que es imperdonable.
Campo Elías Cruz Armero