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De Fedepalma

17 de mayo de 2008 - 07:04 p. m.

Los días 11 y 18 de abril leímos con atención las columnas editoriales de Alfredo Molano publicadas en el periódico El Espectador, tituladas “Palma y petróleo” y “Revoloteo de águilas”, respectivamente, en los cuales se refiere  a la palma de aceite y a la manera como, a  juicio de Molano, ésta se ha extendido por el país, fenómeno que el columnista atribuye, en parte al boom de los biocombustibles, incentivado por el agotamiento de las fuentes fósiles de energía.

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 Particularmente en la segunda columna editorial en el cual Molano  hace referencia a las riquezas de la región del Magdalena Medio, califica a la región como el cuerno de la abundancia y, según sus palabras, dice que para que haya paz en la zona, hay que detener  “la brutal impunidad económica que muestran los empresarios del petróleo, el oro y la palma”.

 Conocedores del profesionalismo e idoneidad con la cual suele manejar los temas, entendemos que el propósito de Molano no es estigmatizar al sector palmero y mucho menos condenarlo, como tampoco los biocombustibles, y que sus comentarios seguramente se encuentran soportados por algunos datos  precisos; por lo que le solicito al autor poner a disposición a las autoridades pertinentes las pruebas que lo han llevado a escribir estas columnas, de modo que, conforme al Estado de Derecho que nos rige, se inicien las investigaciones de rigor y se juzgue, con estricto apego a la ley, a los autores de presuntos hechos en los cuales él  se basa para hacer tales afirmaciones.

 Si los escritos de Molano tienen como única motivación el desafortunado episodio del Urabá chocoano, cuyos protagonistas no son afiliados a Fedepalma ni son empresas de tradición en el sector, debo señalar que se trata de una realidad que le duele enormemente a toda la agroindustria de la palma de aceite, y que en múltiples oportunidades hemos rechazado y solicitado que la justicia obre con toda la severidad que amerita el caso, conforme a la ley y a las normas vigentes; pues no queremos que estos hechos sean repetitivos, y por el contrario, esperamos que por ello se evite el ingreso de otros inversionistas inescrupulosos al sector palmero colombiano.

 Quiero invitar a Alfredo Molano a que nos acompañe a una plantación de palma, que hable con los empresarios, los campesinos y los trabajadores, que indague profundamente en todo el trabajo que se ha venido adelantando por más de 50 años en Colombia. El bienestar que la palma de aceite  le ha venido proporcionando a la población de las regiones palmeras no puede ser desconocido por un hombre como Molano, que es gestor de opinión pública en el país.

 El debate sobre los biocombustibles que se está dando a nivel mundial y que se extiende al manejo sostenible del medio ambiente, es muy favorable para Colombia, pues en nuestro país no tenemos esta dicotomía entre la selva o los cultivos, ya que contamos con la tierra disponible para este uso, dándonos margen para producir alimentos y biocombustibles,

oportunidad que debemos aprovechar y potencializar para el bienestar de nuestras gentes. Es cuestión de trabajar mancomunadamente para aprovechar de una manera sostenible las riquezas de suelos y de tierra que tenemos, para ser abastecedores de alimentos y de biocombustibles a nivel mundial, brindándole con ello un mejor bienestar al sector rural colombiano.

 Según datos del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, en el territorio nacional existen más de diez millones de hectáreas disponibles para cultivos, por lo cual es posible producir alimentos para el consumo humano y materias primas para biocombustibles, sin que las actividades compitan o resulten excluyentes, sin devastar la tierra ni incurrir en preocupantes alzas de precios de los productos.

 Tampoco puede desconocerse la presencia creciente de pequeños  productores en nuestra agroindustria. En el caso del Madalena Medio, los datos disponibles en Fedepalma —con base en un estudio adelantado por el IICA en 2005— muestran que el número de pequeños productores  asociados bajo un esquema de alianzas productivas estratégicas era superior a 1.720; cifra que muy seguramente se ha elevado en los dos últimos años. Complementando lo anterior, y de acuerdo con los datos del Programa Midas-USDA, en la región los nuevos proyectos de palma involucran un área de 11.115 hectáreas, beneficiando a 1.170 familias y generando cerca de 3.400 empleos. En particular el último informe sobre este programa señala que el proyecto de alianzas estratégicas, liderado por Indupalma, que contempla la siembra de 1.500 hectáreas, está en 83%  de ejecución y el  de Fundapalma en 30%, resultados significativos para el desarrollo de la región.

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 Estos pocos datos no tienen otro objetivo que animar al columnista  a que nos acompañe a la región o regiones que él prefiera, para que conozca de primera mano cómo operan nuestras empresas, la evolución real de los cultivos y el beneficio para las familias campesinas, principalmente, en aras de que apropie mayores elementos de juicio para su trabajo de editorialista.

  Jens Mesa Dishignton. Presidente Ejecutivo, Fedepalma. Bogotá.

EE.UU.

No sin antes expresar mi enorme complacencia por volver a disponer día a dia de El Espectador, el mejor periódico de Colombia en los últimos 121 años, permítaseme hacerles caer en la cuenta de un error en el que pueden incurrir en futuras ediciones.

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Cita: “E.U. podría proponer una base en La Guajira”. (El Espectador, n.º 34.284, 12-V/08, primera página).

Lo correcto: “EE. UU. podría proponer una base en La Guajira”.

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Estados Unidos es un nombre plural, por lo tanto se abrevia separado, y repetidas las letras iniciales de sus componentes: EE. UU. (no USA, que sería la abreviatura, en inglés, de United States of America); y, dentro de cualquier oración, se debe tratar con esta misma lógica que recomienda la Academia: acompañarlo del artículo ‘los’, p. ej.: “Los Estados Unidos les declararon la guerra a los terroristas”. El diccionario de dudas e incorrecciones, de Fernando Corripio, sentencia: “Es preferible decir ‘Los Estados Unidos son un país próspero’, y no ‘Estados Unidos es un país próspero’”.

 Óscar Gil. Cali.

 

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